domingo, 18 de octubre de 2015

De brujería y otros males

Antonio Guerrero Aguilar, Cronista Municipal de Santa Catarina

Se define a la brujería como la capacidad de influir en otras personas, ya sea para bien o para mal. Entre los griegos por ejemplo, la brujería se manifestaba como estados alterados de conciencia. En casi todas las civilizaciones de la antigüedad, había personas que caían en un estado de éxtasis, a la cual se le consultaba para conocer el destino de los seres humanos y de las cosas. Por ejemplo en la isla de Delfos, acudían con una citosina; al estar en contacto con el dios Apolo presentaba aspectos sobrenaturales. También se hacían ceremonias o ritos de iniciación en honor al dios Dionisio.


Originalmente el sacerdote, el brujo, el adivino y el médico se conjuntaban en una sola persona. Eran los que tenían el don de dominar y controlar las fuerzas sobrenaturales o preternaturales. Sabían el porvenir y lo explicaban en comparaciones y frases misteriosas. Lo sobrenatural es lo que excede a los términos ya sea físicos o lógicos de la naturaleza y lo preternatural es lo que se halla fuera del ser y estado natural de una cosa. Pero ésta actividad no era exclusiva de los varones sino también de las mujeres. El arte de hacer conjuros y enlazar el cielo con la tierra, era hecho por ellas y en consecuencia recibían el nombre de brujas o hechiceras.

Por ejemplo, en la antigüedad se habla de Medea quien apoyó a Jasón para localizar al vellocino de oro. Enamorada del argonauta, preparó una pócima para que a Jasón no le pasara nada. Pero como no pudo quedarse con su amor, mandó un vestido mágico que se convirtió en llamas y luego dio muerte a sus hijos, para finalmente volar por los aires. Son las hechiceras quienes ponían al alcance del pueblo, remedios e invocaciones prodigiosas. Lo mismo que para propiciar el amor entre las parejas, como el caso de la Celestina, el mítico personaje creado por Fernando de Rojas en 1499 y a quien presentan como una vieja barbuda.

Regularmente relacionamos a estas mujeres con aves que surcan los cielos por las noches. Recordemos que según la mitología griega, la harpía era un ave fabulosa, cruel, con el rostro de doncella y el resto de ave de rapiña, cuerpo y alas de buitre; con cola de serpiente y garras que acostumbraba defecar a los mortales. Decían que eran hijas de genios mitológicos llamados Taumas y Electra o de Poseidón y Azomena. Pueden ser dos o cuatro seres, cuya labor es ser mensajeras del dios infernal. Raptaban a los seres humanos para llevarlos al mundo de las sombras y tenían el poder de amontonar las nubes y solevantar a las olas. Tenían por nombre Aello, Ocipeta, Celeno y Acóloe. El fenómeno de la brujería saltó de los documentos históricos a la literatura, y desde ahí, parece alimentar nuevamente a la realidad.

En muchos de nuestros pueblos, han visto mujeres que vuelan por los aires como Medea, ancianas parecidas a la Celestina, desdentadas, sin párpados y con el cabello erizado, bultos negros que descienden sobre los árboles, pájaros malignos con forma de mujer que provocan la movilización de la guardia municipal. Como aquellos casos ocurridos en el panteón municipal de Santa Catarina o del guardia de la colonia Country en Monterrey que se dice vieron como bajaban unas de ellas. Alucinación o experiencia, realidad o ficción, el misterio de las brujas enciende la controversia y retorna para hacernos pensar si ellas realmente son algo más que un mito.


En mi familia se cuentan por ejemplo, casos en donde los hechizos y los males de susto se dan. Mi tatarabuelo Bartolo Aguilar, en compañía de sus hermanos tuvo un encuentro allá en la Sierra Madre de Santa Catarina, en pleno camino del Pajonal a Canoas, con un guajolote de formas muy extrañas que los seguía y los miraba muy feo. Entonces don Bartolo y sus hermanos sospecharon que se trataba de algo fuera de lo normal y lo amenazaron rezar las Doce Verdades de la Santa Iglesia.


Como el guajalote permanecía inmutable, empezaron a recitar la oración, sujetando entre sus manos una pequeña cuerda. Por cada verdad que rezaba, hacían un nudo a la correa. Luego que completaron los doce nudos, mencionaron las doce verdades al revés. Por cada amarre que hacían, decían que el guajalote queda como tullido. Cuando quedó inmóvil lo amarraron con una soga. Al día siguiente volvieron a pasar por el lugar y encontraron a una señora atada. Ella les pidió que la soltaran porque les dijo que era madre de familia y les prometió pagar el favor que ellos le pidieran.

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Estudié filosofía en la UNIVA de Guadalajara y soy el cronista de Santa Catarina, Nuevo León

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Soy un trota sueños y buscador de símbolos y signos. Nací en Santa Catarina, N.L. en 1965. Fui becario del Centro de Escritores de Nuevo León en 1993. Escribo, busco, leo, hablo cada miércoles en un programa de radio. En De Solares y Resolanas, quiero expresar, manifestar, escribir mis reflexiones, vivencias y apreciaciones sobre lo que veo, de donde vivo, me muevo y existo.