sábado, 31 de octubre de 2015

La noche del Halloween y la víspera de todos los santos

Antonio Guerrero Aguilar, Cronista de la Ciudad de Santa Catarina

El Día de Todos los Santos es una celebración cristiana que tiene lugar el 1 de noviembre. En este día la Iglesia celebra a manera de fiesta solemne a todos aquellos difuntos que, habiendo superado el Purgatorio, se han santificado totalmente y gozan de la vida eterna en la presencia de Dios. Por eso es el día de “Todos los Santos”. Desde sus orígenes, la Iglesia Católica celebraba el aniversario de la muerte de un mártir en el lugar del martirio. Regularmente un grupo de mártires morían el mismo día, lo cual condujo naturalmente a una celebración común. En la persecución de Diocleciano (302-303), el número de mártires llegó a ser tan considerable, que no se podía separar un día para asignarle un día especial para cada uno. Entonces la Iglesia, creyendo que cada mártir debía ser venerado, señaló un día en común para todos.


Una de las primeras referencias la encontramos en un sermón de San Efrén “el Sirio” en el año de 373 y en la devoción especial de la Iglesia de Antioquía. En un principio, solo los mártires y san Juan Bautista eran honrados por un día especial. Otros santos se fueron asignando gradualmente, y el santoral se incrementó cuando el proceso regular de canonización fue establecido en el siglo V. El papa Bonifacio IV, entre el 609 y 610, consagró el Panteón de Roma a la Santísima Virgen y a todos los mártires, dándole un aniversario entre los años de 609 y 610. A mediados del siglo IX, el papa Gregorio IV extendió la celebración del Día de Todos los Santos el 1 de noviembre a toda la Iglesia.

La fiesta dedicada a todos los santos, tuvo una especial aceptación entre los pueblos de Gran Bretaña, Escocia e Irlanda. Para ellos, el Día de Todos los Santos, y el día anterior correspondiente al 31 de octubre, pasó a llamarse en inglés All Saints' eve (la víspera del Día de Todos los Santos) o también all Hallows' eve, de donde derivó la palabra Halloween. Hallow es palabra del inglés antiguo, significa santo o sagrado. Originalmente la fiesta de Halloween, se refiere más bien a la víspera de todas las almas o de todos los santos. Hubo un sincretismo religioso entre las decisiones de la Iglesia católica y las tradiciones de los pueblos del norte de Europa. Pues la fiesta de todos los santos, en cierta forma fue una práctica tendiente a desaparecer los ritos ancestrales de los celtas. Como su nombre lo indica es una fiesta que tiende a consagrar las cosas relacionadas con la noche: sus aspectos mágicos, la creencia de que en la noche transitan espíritus a los cuales hay que ganar y por ello se le rinde culto y se les lleva ofrendas.


Esta práctica tiene que ver con los festivales druidas, representados por sacerdotes y hombres de culto de los pueblos celtas que tienen su origen en los Alpes austriacos. De ahí se dispersaron hasta Inglaterra, Irlanda, Francia y el norte de la península ibérica, preferentemente en Galicia y Asturias y en el norte de Italia. En el festival druida se hacía reverencia al señor de los Muertos y al príncipe de la obscuridad, que reunía los espíritus de quienes habían muerto durante el año, para presentarlos ante sus dioses precisamente el día 31 de octubre. De esa manera, los druidas invocaban a las fuerzas sobrenaturales para aplacar a los malos espíritus.

En Gran Bretaña, Escocia e Irlanda, se festejaba el “Samhain” el 31 de octubre, último día del año en los antiguos calendarios celtas y anglosajones. En esas ocasiones, se encendían grandes hogueras en lo alto de las colinas para ahuyentar a los malos espíritus, además tenían la creencia de que las almas de los muertos visitaban sus antiguas casas, acompañadas de brujas y de espíritus. La costumbre de usar calabazas con velas tiene que ver con una leyenda irlandesa, en donde un hombre llamado Jack, fue echado del celo por malvado y del infierno por hacerle travesuras hasta el mismísimo demonio. De ahí que tuviera que recorrer eternamente a la tierra, llevando una linterna para alumbrar su camino. También de los celtas irlandeses procede la petición de dulces a cambio de no hacer el mal, en donde los niños iban a las casas para pedir alimento. En la mayoría de las regiones con orígenes celtas, la noche de Halloween representaba una celebración por las cosechas y el agradecimiento a la clarividencia de los druidas al comienzo del duro invierno europeo. Muchas de las tradiciones de Halloween se convirtieron en juegos infantiles que los inmigrantes irlandeses llevaron en el siglo XIX a los Estados Unidos y, desde allí, se han extendido en las últimas décadas por el mundo hispánico.


En México, la celebración del Halloween es una fusión de aquellos ritos druidas, con la clásica tendencia comercial de la temporada para vender cosas relacionadas a la noche de brujas, tales como pinturas, máscaras, disfraces y dulces y preferentemente tuvo su apogeo a fines de la década de 1960 y en la de 1970.  Después se dijo que esa tradición era peligrosa porque desplazaba a la costumbre de montar altares de muertos, como altares barrocos destinados al culto de la vida y de la memoria de quienes ya se nos adelantaron en el camino. Y por ello, para evitar ese proceso de aculturación, todas nuestras escuelas y centros culturales realizan por ésta fechas los altares de muertos.  Por eso: “Halloween o travesura o te estiramos la nariz”.






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Estudié filosofía en la UNIVA de Guadalajara y soy el cronista de Santa Catarina, Nuevo León

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Soy un trota sueños y buscador de símbolos y signos. Nací en Santa Catarina, N.L. en 1965. Fui becario del Centro de Escritores de Nuevo León en 1993. Escribo, busco, leo, hablo cada miércoles en un programa de radio. En De Solares y Resolanas, quiero expresar, manifestar, escribir mis reflexiones, vivencias y apreciaciones sobre lo que veo, de donde vivo, me muevo y existo.