domingo, 17 de enero de 2016

Anecdotario de un gran ser, de un gran hombre

Antonio Guerrero Aguilar, Cronista de la Ciudad de Santa Catarina

Hablar del Tecnológico de Monterrey nos refiere inmediatamente a uno de sus fundadores y promotor de su establecimiento: don Eugenio Garza Sada. Nació el 11 de enero 1892 en Monterrey, hijo del también industrial Isaac Garza y Consuelo Sada.  Se casó en 1921 con Consuelo Lagüera Zambrano y formaron una familia de ocho miembros, los cuales siempre se refieren al Tec de Monterrey como el noveno hijo y el más querido de todos. Existen en la memoria de quienes trataron a don Eugenio, una serie de relatos que nos hablan sobre la vida íntima y privada. Esta información se concentra más en la vida de la persona y no en la del  empresario y benefactor, el benemérito de la educación nuevoleonesa. Aspectos muy valiosos que nos permiten conocer la parte humana de nuestro personaje.


Una vez Rogelio Villarreal Garza (originario de Sabinas Hidalgo), quien con el correr del tiempo llegó a ocupar la alcaldía de San Nicolás de los Garza  entre 1983 y 1985, siendo alumno en la Facultad de Derecho de la Universidad de Nuevo León, llegó una vez con su vehículo a la colonia Obispado para buscar la casa del entonces gobernador del Estado, el Lic. Raúl Rangel Frías. El carro justamente se le descompuso afuera de una casa en donde un jardinero estaba podando unos rosales. El jardinero se le acercó y le ofreció su ayuda pues dijo tener conocimientos de mecánica. Ya en confianza, le preguntó qué hacía por el rumbo;  Rogelio Villarreal responde que busca al domicilio del gobernador para pedirle ayuda económica, para comprar libros y formar una biblioteca para los alumnos de la escuela que no pudieran adquirirlos.

Quien llegara a ser un político notable en la entidad,  le sentenció al jardinero: "para que los hijos de los trabajadores como tú y sin los  recursos  para estudiar, tengan libros suficientes para hacerlo". Entonces el jardinero le sugirió que fuera a la cervecería. Rogelio contestó  con asombro: "Y usted cree que ellos nos quieran ayudar". El jardinero le sugirió buscar al Lic. Ricardo Margain Zozaya. Cuando el jardinero terminó de revisar el vehículo, Rogelio Villarreal le ofreció unas monedas pero el jardinero se rechazó. Insistió: "Tenga, para que se eche una cerveza". El jardinero terminó por aceptar la propina. Al día siguiente Rogelio pasó por la cervecería y decidió preguntar por el licenciado, al fin y al cabo no perdía nada. Grande fue el asombro al ver que gradualmente todas las puertas se le iban abriendo sin dificultad. Cuando estuvo con el Licenciado Margain, apenas le iba a explicar su proyecto, cuando le dijo: "Don Eugenio me dio éste cheque para Usted". Rogelio sin saber realmente lo que pasaba, le advirtió que el no conocía a don Eugenio, a lo que don Ricardo le contestó: "Me dijo que ayer le ayudó a reparar su vehículo".


Don Eugenio era metódico y estricto en las cosas que hacía y participaba. Por ejemplo en la escuela para los hijos de los empleados y obreros de la cervecería, personalmente les entregaba las calificaciones a los niños. Una vez se dio cuenta de que el hijo del jardinero de su casa llevaba buenas calificaciones, y le ofreció una beca para que estudiara en el Tec de Monterrey. Respetuoso del tiempo, era un celoso guardián de la puntualidad, pues consideraba primordial el respeto del tiempo a los demás. Salía puntualmente todos los días a las ocho de la mañana de su casa en la colonia Obispado con rumbo a la cervecería, excepto los lunes que los dedicaba al Tecnológico para ver los problemas y los avances de la institución. Una vez llegó al Tec de Monterrey y el guardia no lo dejó entrar porque no lo reconoció y además no traía identificación. Entonces un alto funcionario de la institución se dio cuenta y reprendió al vigilante y quiso aplicarle un castigo. Cuando don Eugenio supo, pidió que lo reinstalaran en su puesto pues se requerían personas como él.

Desconfiaba de las personas que para todo le decían sí. Siempre tenía tiempo para quienes acudían a verle. Si alguien iba a buscarlo para pedirle ayuda, inmediatamente le pedía sin rodeos en qué podía servirle. Amante de los libros, de la mecánica, de la electrónica y del billar, con quien jugaba todos los lunes con un grupo de amigos. Sabía los nombres de todos sus empleados y continuamente les decía: “tu ponte a trabajar, que de tu familia me encargo yo”. A ellos les dio empleo, educación, servicios de salud y vivienda. Todo un empresario con una visión social de la empresa, de lo que ya quedan pocos indudablemente.

Sus hijos comentan en tono festivo que conoció a la que fuera su esposa en una forma singular. Tenía negocios con Pío Lagüera, un accionista de cervecería y entonces cónsul de España en Monterrey. Una vez fue a buscarlo a su casa y al tocar la puerta salió un perro. Tenía miedo de ellos, pero una joven inmediatamente salió a sujetarlo. Ahí  fue el flechazo. Por eso decía que su esposa literalmente le había “echado los perros”. Cuando llegaba a la casa, se quitaba el sombrero y con ello, los problemas de la empresa se quedaban en el trabajo. No le gustaba tomarse fotos y tocaba el piano con la familia, especialmente gustaba de acompañar en el canto a sus hijas. Fue dueño de la quinta El Aguacatal en Santa Catarina a donde acudía los sábados y los domingos. En esa huerta había naranjos, nogales, aguacatales y también muchas flores, especialmente las rosas que tanto le gustaban. Tenía temor viajar en aviones. Por eso siempre cuando le preguntaban, a cuánto está Chicago de Monterrey, decía: "como a tres jaiboles". Regularmente los viajes que hacía a la ciudad de México eran en tren.



Como verán, estos relatos nos refieren la grandeza de un hombre que pensó que el bienestar de la sociedad, en la felicidad del próximo, el cuidado, la atención y el respeto de la persona. Urge revalorar el ejemplo que Eugenio Garza Sada dio a la ciudad de Monterrey y para México. Un empresario que apuntaló a Monterrey como la ciudad industrial de México. Y un ser humano que no solo apoyó la educación, sino todo tipos de actividades asistenciales y filantrópicas. Que generó riqueza para repartir trabajo y bienestar entre sus semejantes. Y en el Ideario Cuauhtémoc, están sintetizados sus valores.

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Estudié filosofía en la UNIVA de Guadalajara y soy el cronista de Santa Catarina, Nuevo León

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Soy un trota sueños y buscador de símbolos y signos. Nací en Santa Catarina, N.L. en 1965. Fui becario del Centro de Escritores de Nuevo León en 1993. Escribo, busco, leo, hablo cada miércoles en un programa de radio. En De Solares y Resolanas, quiero expresar, manifestar, escribir mis reflexiones, vivencias y apreciaciones sobre lo que veo, de donde vivo, me muevo y existo.