domingo, 3 de julio de 2016

El hallazgo de nuestra Señora del Roble en Monterrey

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina

Cuatro años antes de la fundación definitiva de Monterrey en 1592, el misionero franciscano Andrés de León  colocó una imagen de la Virgen María en el hueco de un roble, para protegerla de las incursiones de los naturales de la región. Acompañaban al religioso fray Diego de Arcaya y fray Antonio de Salduendo, quienes llegaron a evangelizar a los indígenas que habitaban los alrededores, preferentemente en un bosque situado en medio de los ojos de agua de Santa Lucía llamado Piedra Blanca.


El 20 de septiembre de 1596 se fundó la Ciudad Metropolitana con el título de Nuestra Señora de Monterrey bajo la advocación de la Pura y Limpia Concepción y Anunciación de Nuestra Señora la Virgen María. Treinta años después de la fundación, una pastorcita cuidaba unas cabras que pacían en los montes cercanos. Fue cuando escuchó que desde un roble la llamaban con toda claridad e insistentemente. Acudió para saber quién le hablaba por su nombre y grande fue su sorpresa al ver a una imagen de poco más de medio metro de altura colocada en el interior del tronco de un roble, que le servía de nicho y la defendía de las inclemencias del tiempo.

Conmovida hasta lo más profundo, corrió a manifestar a sus padres lo ocurrido. Los padres de la niña acudieron al lugar de la singular aparición y entonces decidieron dar aviso el señor cura, quien convencido de la veracidad de esta providencial manifestación de la Virgen Santísima, invitó a los feligreses para que en respetuosa y amorosa procesión, llevaran la representación mariana al recinto parroquial. Los vecinos acudieron a los servicios religiosos a la mañana siguiente. Fue cuando se dieron cuenta que la imagen no se hallaba en su lugar. La buscaron para darse cuenta que había regresado al sitio en donde había sido hallada. Dieron aviso otra vez al señor párroco quien regresó acompañado de sus feligreses. La encontraron en el mismo hueco del roble de donde había sido transportada el día anterior. 

En forma milagrosa, la pequeña escultura regresó a su lugar de origen, pero su manto tenía restos de zacate y cadillos. Una señal que los antiguos regiomontanos consideraron como obra divina. La trasladaron otra vez al templo y al día siguiente desapareció. La vieron otra vez en el roble y por tercera ocasión la llevaron al templo parroquial que dejó otra vez. Fue cuando los fieles entendieron la voluntad de la Virgen María para construirle un templo en su honor.


Hasta aquí la tradición, similar a las apariciones de imágenes en oquedades de árboles, raíces y pozos. Lo singular es la imagen fue hallada en un árbol conocido como roble,  un ejemplar robusto que en espesura crece con tronco derecho y limpio sin ramificarse hasta los 15 metros. Cuando se halla aislado, su copa se hace ancha con ramas tortuosas, nudosas y acodadas que proporcionan buena sombra. Sus raíces buscan el agua y suelen profundizar para encontrarla. El roble significa fortaleza y gallardía, aguanta los embates y sigue altivo con el espíritu protector que lo caracteriza, dando sombra, frescura y alimento a quien se le acerca. Y la Virgen María, la patrona de Monterrey, le da sentido y razón de ser al carácter del reynero, del regiomontano. Indudablemente.

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Estudié filosofía en la UNIVA de Guadalajara y soy el cronista de Santa Catarina, Nuevo León

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Soy un trota sueños y buscador de símbolos y signos. Nací en Santa Catarina, N.L. en 1965. Fui becario del Centro de Escritores de Nuevo León en 1993. Escribo, busco, leo, hablo cada miércoles en un programa de radio. En De Solares y Resolanas, quiero expresar, manifestar, escribir mis reflexiones, vivencias y apreciaciones sobre lo que veo, de donde vivo, me muevo y existo.