sábado, 9 de julio de 2016

Los templos dedicados a nuestra Señora del Roble en Monterrey

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina

En estos 400 años, la Virgen del Roble, llamada también como la Virgen del Nogal, la Madre de Dios del Reino, Reina del Nuevo Reino de León y Nuestra Señora del Roble ha tenido al menos seis templos dedicados en su honor. Después de su milagroso hallazgo, los primeros pobladores entendieron el mensaje de la Virgen para tener una capilla en el lugar donde la dejaron los misioneros. Existe la posibilidad de que fuera muy modesta con muros de adobe. El templo comenzó a desmoronarse y por ende, decidieron llevarse la imagen a una capilla lateral de la parroquia de Monterrey en donde se le veneró por más de un siglo y medio.


Al tomar posesión de la diócesis fray Rafael José Verger en 1782, fue uno de los principales promotores de la devoción de nuestra Señora del Roble, ordenando levantar un templo más grande en su honor. Entre 1785 y 1788 pusieron los cimientos y una vez concluido lo techaron con bóveda de cañón, contando con el apoyo del gobernador Manuel de Bahamonde.  Lamentablemente se cayó a principios del siglo XIX.

El 22 de diciembre de 1817 el cabildo de la ciudad otorgó formalmente el terreno en donde se comenzó a edificar una capilla, así como para el establecimiento de un cementerio, para dar “reconocimiento y recuerdo de los singulares favores que esta ciudad ha recibido siempre de su liberal mano siendo singular entre ellos su aparición milagrosa que según la tradición antigua de nuestros predecesores se ejecutó en el citado lugar del Roble”. El terreno medía 74 varas de frente y 117 de fondo, lindando por el sur con la calle de la Alameda (actual 15 de mayo); por el norte con el solar de Francisco Quintanilla; por el poniente con la calle que llamaban de la Catedral Nueva y por el oriente con solar Josefa Sáenz.

Según la devoción, nuestra Señora del Roble salvó a la ciudad de unas epidemias ocurridas en 1833 y 1844. Los fieles la tenían por prodigiosa y por eso el 9 de abril de 1849, los vecinos del barrio del Roble pidieron al alcalde de Monterrey Gregorio Zambrano, un permiso para sacar en procesión a la imagen por tres días a fin “de que intercediera con Dios para que aplaque la enfermedad que nos amenaza...”. No aceptaron la petición pues tenían prohibidas las reuniones públicas, por el riesgo de contagio de la epidemia.

Al tomar posesión de la diócesis en 1853, el obispo Francisco de Paula y Verea decidió construir un templo más adecuado a las necesidades espirituales de la feligresía regiomontana. En una ceremonia especial del 8 de diciembre de 1853, exactamente el día en que el papa Pío IX proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, el pastor colocó la primera piedra del santuario, contando con el apoyo económico y moral de numerosas familias. Destacan las aportaciones que hizo el entonces gobernador don Santiago Vidaurri. Para dirigir los trabajos, contrataron al constructor Mariano Peña.  Mas el exilio del señor Verea y la aplicación de las leyes de Reforma, detuvieron las obras bajo la responsabilidad del sacerdote Alejandro González Garza y luego del padre Manuel Martínez Guerra quien estuvo como encargado del santuario entre 1873 y 1878.  Precisamente en ese año, se hizo la primera fiesta de la titular del templo. Como los trabajos se hacían lentamente, surgió la expresión “¿quién verá acabar el Roble?”. 

El primer libro de bautizos comenzó el 15 de abril de 1865, como Vice Parroquia del Santuario de Nuestra Señora del Roble.  El 8 de septiembre de 1884, el obispo Ignacio Montes de Oca y Obregón consagró el templo  que tenía tres naves y los muros de sillar al cual le faltaba solo la cúpula. Bendijo tres altares menores, uno dedicado a la Virgen de Guadalupe en honor al señor obispo fray Rafael José Verger, otro para San Juan Nepomuceno en honor al obispo Francisco de Paula Verea y otro dedicado a San Ignacio de Loyola, su santo patrono. En 1886 murió el padre Manuel y sus restos fueron depositados en la nave central del templo. El 19 de diciembre de 1894, el señor arzobispo Jacinto López Romo dispuso la creación de tres nuevas parroquias: la de la Purísima, Santa Catarina y el Sagrado Corazón. El santuario del Roble quedó bajo jurisdicción parroquial del Sagrado Corazón. Como aún no estaba concluido, por un tiempo El Roble fue la sede parroquial. Ambas atendían las necesidades espirituales de 16 mil habitantes.

Los trabajos continuaron gracias al entusiasmo de los sacerdotes Lucio de la Garza, Nazario de la Garza, Eleuterio Martínez, Francisco de la Garza y del padre José Guadalupe Ortiz, quien vio concluido el templo con su cúpula el 8 de octubre de 1900. La cúpula se hizo en base a un diseño solicitado al arquitecto Alfredo Giles, pero no lo respetaron del todo. Por estos tiempos la atención espiritual del templo pasó a los misioneros del Corazón de María, quienes padecieron el derrumbe de la cúpula a las 9 de la noche del 24 de octubre de 1905. Otra vez operó el milagro: tras la búsqueda de los trabajadores, encontraron la escultura de la virgen sin daño alguno.


El padre Pedro López procuró una nueva obra, contando con el apoyo de la grey regiomontana que se dedicó a reunir fondos para levantar el templo, así como del señor arzobispo Leopoldo Ruiz Flores. El 26 de junio de 1910 hizo la bendición de la casa de la madre de Dios y celebró misa.

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Estudié filosofía en la UNIVA de Guadalajara y soy el cronista de Santa Catarina, Nuevo León

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Soy un trota sueños y buscador de símbolos y signos. Nací en Santa Catarina, N.L. en 1965. Fui becario del Centro de Escritores de Nuevo León en 1993. Escribo, busco, leo, hablo cada miércoles en un programa de radio. En De Solares y Resolanas, quiero expresar, manifestar, escribir mis reflexiones, vivencias y apreciaciones sobre lo que veo, de donde vivo, me muevo y existo.