domingo, 25 de septiembre de 2016

El Art Decó en Monterrey

Antonio Guerrero Aguilar/ Escritor y promotor cultural

Quienes saben de arte y realizan recorridos culturales, muestran con orgullo los testimonios que prevalecen desde 1928 en Monterrey. Un sello característico del periodo en el que gobernaron Aarón Sáenz como José Benítez, tiene que ver con la puesta de boga del llamado Art Decó, el cual comprende un conjunto de distintas manifestaciones estéticas que coincidieron en la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales Modernas ocurrida en París, Francia en 1925. La aplicación del nuevo estilo, fue una moda imperante que puso a la decoración en todos los ámbitos de la vida cotidiana, desde un objeto de nuestra casa como una lámpara, buró y un ropero hasta un edificio completo. Esta tendencia artística se desarrolló en Monterrey en las décadas que van de 1920 a 1950. En sentido estricto, el término Art Decó se refiere a las artes decorativas. Pero en uno más amplio, representa una tendencia que predominó en la arquitectura y forma de construir tanto casas y edificios públicos como privados, ajustados a un arte o estilo que estuvo de moda en el México posrevolucionario.

Los materiales usados en este arte son de una pureza y solidez como el concreto, vidrio, bronce, mármoles de diferentes colores y procedencias, aluminio, estaño, pisos lustrosos, mosaicos y otros más que se pueden usar para la decoración. Los edificios son construidos y decorados de tal manera que al situarse frente a ellos, se tiene la impresión de estar bajo enormes templos, similar al de los palacios renacentistas.

El Art Decó fue la divisa de los regímenes posrevolucionarios. Ya no es el Art Nouveau ni el modernista que prevalecen en las edificaciones y obras públicas como particulares. Los arquitectos y diseñadores van a convencer a los presidentes y gobernantes en el poder, que con éste estilo se puede representar la nueva memoria e identidad del mexicano; acorde con el espíritu necesario para entrar a la era moderna, tan propia y vigente en las naciones como Francia y los Estados Unidos.  El régimen posrevolucionario del general Plutarco Elías Calles y de los presidentes que le siguieron durante el “Maximato”, propuso un lenguaje cultural que rompió con lo vigente a finales del siglo XIX y principios del XX. Lo urgente era entrar en la modernización y las obras públicas como privadas debían hablar del nuevo estado de las cosas que México vivía con la llegada de los generales sonorenses al poder. Los edificios públicos, las escuelas, los talleres, los negocios, los cines, las plazas, sus fuentes y sus decorados, hasta las casas habitación se hicieron bajo el modelo artístico vigente. 

El modelo arquitectónico en sí se convirtió en un vehículo publicitario. Invitaba a la gente a consumir esos nuevos objetos de diseños exclusivos. Esa es la razón por la cual la industria produjo una buena cantidad de productos, copiados o inspirados en los originales que se vendían en los selectos almacenes y finas boutiques de Francia como de los Estados Unidos. Y hasta se aprovechó en lo local, pues nuestras fábricas los hacían sin necesidad de salir al exterior para buscarlos. De 1920 a 1940, es una etapa de consumo que provoca a los grandes almacenes comerciales para que sean decorados atractivamente y atraer la atención de los consumidores. Prueba de lo anterior, son los negocios y casas que se hicieron preferentemente por las avenidas Venustiano Carranza, Colón, Calzada Madero, Pino Suárez, la salida a Nuevo Laredo y por otros rumbos de la ciudad. A través de grandes ventanas, todo esto se difunde y se da a conocer a través de la publicidad, en donde también el cartel, los símbolos y anagramas toman gran importancia. Y si los detalles mantienen explícitos propios de nuestra historia y cultura, pues qué mejor.

El Art Decó fue un rasgo efectivo de los gobernantes. Una construcción con elementos y rasgos geométricos, plagada de símbolos y la integración de la escultura a la arquitectura de los espacios. Cuando Aarón Sáenz se hizo de la gubernatura en 1927, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público le hizo saber de la intención de concentrar todas las oficinas federales situadas en Monterrey en un solo edificio. Con eso ahorraban la renta de los espacios dispersos por varios rumbos. Buscaron alternativas y pensaron que el viejo edificio del Honorable Colegio Civil sería la mejor opción. En enero de 1928 el gobernador Sáenz aceptó la propuesta de hacer el palacio federal en el terreno perteneciente al Colegio Civil.

Las cosas cambiaron con la llegada del Lic. José Benítez a la gubernatura en marzo de 1928. No estaba dispuesto a ceder una escuela para oficinas de las dependencias federales. En su lugar les ofreció la plaza de la República; pero a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público no le gustó esa alternativa, pues implicaba sacrificar un área verde, un espacio público tan necesario para la ciudad de Monterrey. Finalmente la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y José Benítez a nombre del pueblo de Nuevo León llegaron a un acuerdo. Para el 4 de octubre de 1928 se puso la primera piedra del edificio diseñado por Augusto Petriccioli. Por esos tiempos, se comenzó a construir la Escuela Industrial Álvaro Obregón como la Fernández de Lizardi. Mientras una constructora identificada con la Fundidora de Monterrey se puso a levantar los edificios: Fomento y Urbanización, mejor conocida como FYUSA.

Tanto el palacio federal como las escuelas, representaban un esfuerzo, una tendencia orientada a producir una arquitectura justificada en un concepto genuino que fuera símbolo del paradigma cultural, político y social que también se vivía en Monterrey. Una ciudad pujante y moderna convertida en una de las principales ciudades en el país. Era urgente alcanzar la modernidad sin perder la identidad, sin buscar las representaciones artísticas que anteriormente estaban vigentes en México.Dentro del mismo estilo de Art Decó, podemos ubicar al Auditorio Acero, que fue iniciado el 4 de junio de 1929 cuando instalaron la primera piedra en una ceremonia muy concurrida en la que estuvo don Adolfo Prieto. Esta fue una iniciativa de la misma empresa como del gobierno de Nuevo León y de la Sociedad Recreativa Acero que fue fundada el 8 de febrero de 1925, así como también a la fachada de la fábrica de dulces y chocolates llamada “La Imperial” de don Miguel Villarreal, obra del arquitecto español Cipriano J. González Bringas que fue destruida en una ampliación que hicieron a la avenida Venustiano Carranza.

El 14 de mayo de 1930, el gobierno del Estado de Nuevo León entregó a la federación las escrituras de la plaza de la República en donde se levantó el edificio que por muchos años, con sus siete pisos fuera el más alto y uno de los más representativos en la ciudad. El 4 de octubre de 1930, fueron inaugurados los tres edificios que dieron origen al Art Decó en Monterrey: el palacio federal, la escuela Álvaro Obregón y la Fernández de Lizardi.

En síntesis, en éste periodo al cual también comprende las gubernaturas de Francisco Cárdenas (1931-1933) y Pablo Quiroga Treviño (1933-1935) se hicieron los dos grandes hospitales: el Muguerza (1932-1934) y el Civil, las llamadas escuelas monumentales: Plutarco Elías Calles, la Fernández de Lizardi y la Nuevo León, la Ciudad Militar, la Carretera Nacional en su tramo por Nuevo León desde Linares a Nuevo Laredo, la fundación y traza singular de Ciudad Anáhuac, la Calzada Madero, la Avenida Pino Suárez y Venustiano Carranza, el corredor refresquero de la Cervecería al norte, algunas plazas, muchas casas y negocios.

¿Cómo identificar al Art Decó? Por el volumétrico simple y dinámico de sus formas, con cubos sobre puestos, descendentes y sin decoración excepto en los relieves que dejan a la vista una amplia posibilidad  bidimensional con tableros escultóricos, geométricos, esferas y líneas armónicas o zigzagueadas y la monocromía en particular el blanco. La mayoría de los edificios tienen un gran compromiso con las necesidades utilitarias y sociales de la obra. Por eso presenta una doble forma: una estética sui generis en un ambiente en donde anteriormente todo predominaba en formas rígidas y lineales y otra decorativa que hablaba del empuje y la inquietud de dejar una huella perdurable de la política.


Y a José Benítez se le debe la aplicación del Art Decó vigente en Monterrey y en algunos municipios como Ciudad Anáhuac, Sabinas Hidalgo y Linares. Unos ya deteriorados a punto de colapsarse y perderse y otros que se yerguen altivos como testigos de una época que vio el arranque definitivo de Monterrey y de Nuevo León hacia la modernidad, el crecimiento y el desarrollo que nos hacen distinguir de otras regiones de nuestro país.  

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Estudié filosofía en la UNIVA de Guadalajara y soy el cronista de Santa Catarina, Nuevo León

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Soy un trota sueños y buscador de símbolos y signos. Nací en Santa Catarina, N.L. en 1965. Fui becario del Centro de Escritores de Nuevo León en 1993. Escribo, busco, leo, hablo cada miércoles en un programa de radio. En De Solares y Resolanas, quiero expresar, manifestar, escribir mis reflexiones, vivencias y apreciaciones sobre lo que veo, de donde vivo, me muevo y existo.