domingo, 23 de octubre de 2016

Leyendas y relatos de tesoros y relaciones ocultas (primera parte)

Por Antonio Guerrero Aguilar/ Escritor y promotor cultural

Hablar de tesoros y relaciones, son temas enigmáticos, interesantes; un anhelo que muchos quisieran encontrar para que salve y solucione los problemas económicos. Sin embargo hay quienes piensan que el mejor tesoro está en el amor, en la salud, en la amistad, la dicha y en la felicidad. Pero ¿quién de nosotros en nuestra infancia no soñó con encontrar grandes riquezas o le gustaba escuchar cuentos y relatos que tenían que ver con los tesoros?

La palabra tesoro viene del griego theseo que significa guardar o tener bajo cuidado. Un derivado de ella es thesaurus, concepto relacionado con la liturgia cristiana y con la cual llamaban a una colección de escritos o de diccionarios que se usaban en las ceremonias religiosas. Es probable que en su sentido original tuviera más que ver con la riqueza espiritual que material.  Ahora se considera que el tesoro es una fuente de riqueza ya sea de metales o de piedras preciosas, pero también de objetos únicos y valiosos.

La idea en torno a la existencia de tesoros ocultos es muy antigua, pues se tenía la  creencia de  que eran escondidos por personas poderosas y a lo que solo se podía acceder a ellos de una forma especial. Dicen que el tesoro elige a quien lo encuentra y no al revés. De ahí que muchos buscadores aun esperen el sueño de los justos para encontrar una relación como también se les conoce. En todo esto sobresale la mentalidad mágica. Por ejemplo, en el siglo XVI, los colonizadores españoles soñaban con encontrar una ciudad mítica repleta de oro y piedras preciosas, y nunca las encontraron.


Muchas de las leyendas en torno a los tesoros, tienen que ver con riquezas extraordinarias y ocultas, que eran señaladas por fantasmas, animales, ruidos, luces o huesos. Hasta tenemos un refrán que dice: “en donde llora el muerto está el tesoro”. Una vez que localizan con el tesoro se oye una voz que dice. “O todo o nada” o que también, si alguien de quienes encuentran el tesoro tiene malos pensamientos, el tesoro se mueve de lugar o se pierde otra vez o puede caer una maldición.  Regularmente se dice que los tesoros son el fruto de un robo cometido ya sea por indios, salteadores, revolucionarios, bandidos o personas ricas que ocultaban sus riquezas en lugares alejados y de difícil acceso en las montañas, en las viejas paredes de las casas o encima de los marcos de las puertas. En casi todo el siglo XIX y parte del XX hubo movimientos armados en nuestra nación, por eso decían que el dinero se guardaba en la casa porque no había bancos y los padres de familia ocultaban sus recursos, con el temor de que les quitaran sus ganancias. Lo raro es que con el trascurso del tiempo hasta los mismos propietarios y sus familiares se olvidaban de ello.

En Santa Catarina también existen leyendas en torno a riquezas ocultas como en todos los pueblos de Nuevo León. En la cabecera municipal hay una loma que llaman de la Santa Cruz y sobre la cual está un castillo. Cuando era niño decían que por los alrededores se aparecía una marrana que arrastraba unas cadenas. Si alguien se atrevía a agarrarle las orejas, el animal se convertía en un cazo con monedas de oro. 

Durante mucho tiempo yo viví en una casa que era del siglo XIX. Una vez mi abuelo vio un pato que paseaba por el patio cuando en ese lugar no había aves de corral. Fue y le platicó a mi mamá que le dijo que ahí no había patos. Cuando abandonamos la casa para cambiar de domicilio, los nuevos propietarios tiraron una barda y por todo el barrio corrió el rumor de que se habían encontrado una relación como también se le conoce a los tesoros.


Una vez la señora María Lares de Cabral, me contó que en la casa donde vivía, situada sobre la calle Juárez, había una chimenea muy antigua. En las madrugadas veía como un niño se metía en ella pero ya no salía. Cuando las casas fueron destruidas, se dice que un albañil dio con los huesos de un niño y con un cazo con monedas de oro. Cerca de ahí, una viejita llamada doña Sixta, cada vez que pasaba por un tramo de la calle aun sin pavimentar, se tropezaba (y decía una palabrota) para luego exclamar que seguramente ahí había dinero. Un vecino acostumbrado a escuchar la maldición de la señora, una madrugada decidió excavar y encontró precisamente un cantarito repleto de monedas de plata. Ya no supieron más del agraciado ni de su familia.

En el centro de Santa Catarina había una panadería en una casona muy antigua, que perteneció a don Nemesio Ayala Luna. Cada domingo nos llevaban a comprar pan. Como tenían mucha clientela decidieron construir otro horno. Cuando tiraron parte del muro, vieron una caja de madera con monedas de oro. Los panaderos obviamente desaparecieron de Santa Catarina. Pero también sé de casos infructuosos: un conocido de la infancia vivía en una casa muy antigua. Decían que sus papás tenían centenarios y cuando éstos murieron, el hijo ya con una familia que mantener, se dedicó a buscar y hacer perforaciones por toda la propiedad y jamás encontró el tesoro. En cambio, a dos cuadras de ahí, en una casa de adobe abandonada, cuando fue derruida dicen que los albañiles dieron con una relación y que huyeron del lugar sin saber más de ellos. Pero los que se sacaron la lotería sin comprar boleto, fueron los de un salón de fiestas, quienes al tirar la casa vieja encontraron la relación. Con ese dinero reconstruyeron el local y compraron otro terreno sobre la calle Guerrero entre Colón y Zaragoza, y otra vez hallaron la relación.  

Había un señor en Santa Catarina al que apodaban “Celso patas mochas” porque traía prótesis de palo en ambas piernas y se sostenía por unas muletas de hechura muy burda. El señor recorría las calles del pueblo allá por la década de 1950, recogiendo aguacates y nueces que caían de los árboles. Pedía limosna y a cambio de alimentos para llevar, (porque decía que tenía una esposa que la esperaba en una majada cercana al cerro de las Mitras, en donde actualmente están las pedreras), ofrecía polvo de oro que llevaba en una bolsita de cuero.

Se les hacía raro que una persona con aspecto desaliñado y descuidado llevara consigo polvo de oro suficiente como para cambiar de domicilio y de vida. Una vez unos niños lo fueron siguiendo y cuando ya estaba cerca del lugar en el que se decía que vivía se desapareció. Pasaba el tiempo y otra vez se le veía deambular por el centro de Santa Catarina. Hasta mi papá en compañía de unos tíos recorrieron muchas de las cuevas existentes allá por la Sierra de las Mitras y del Fraile. Hasta que alguien les dijo que no perdieran el tiempo, pues el verdadero tesoro estaba en la cabeza y en los brazos.


Cierta ocasión, unos buscadores de tesoros llegaron a la carnicería de un señor llamado Manuel García. El señor que era muy mula, comenzó a platicar con ellos. Ellos le preguntaron donde estaban las casas más antiguas y en donde vivían los que eran más ricos del pueblo. A lo que don Manuel les dijo que en Santa Catarina había mucha pobreza y que por eso la gente tenía que trabajar para vivir. Les dio santo y señas de las familias que destacaban por sus recursos y que eran muy pocos, para luego rematar: “aquí la gente lo único que enterraba era el chile y eso es lo único que van a encontrar”. O de aquella ocasión, cuando estaban pavimentando el centro de Santa Catarina, a la altura de Manuel Ordóñez y Privada Reforma, dieron con una castaña. Al abrirla tenía monedas de oro como de plata. Como no podían con ellas se quitaron los pantalones para echar su preciada carga y salir todos contentos para no verlos más.

En el año 2008, mientras hacían un puente sobre la Carretera Nacional, los albañiles dieron con un viejo puente de piedra. Lo destruyeron y vieron una caja. En ella estaba un mosque y monedas de oro. Dejaron la maquinaria, el arma vieja y se fueron con las monedas. Mientras trabajaban en la Gran Plaza de Monterrey, muchos trabajadores dieron con tesoros ocultos que cambiaron su vida.


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Estudié filosofía en la UNIVA de Guadalajara y soy el cronista de Santa Catarina, Nuevo León

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Soy un trota sueños y buscador de símbolos y signos. Nací en Santa Catarina, N.L. en 1965. Fui becario del Centro de Escritores de Nuevo León en 1993. Escribo, busco, leo, hablo cada miércoles en un programa de radio. En De Solares y Resolanas, quiero expresar, manifestar, escribir mis reflexiones, vivencias y apreciaciones sobre lo que veo, de donde vivo, me muevo y existo.