lunes, 10 de abril de 2017

Linares en el corazón del noreste mexicano

Antonio Guerrero Aguilar/ Escritor y promotor cultural

El 10 de abril de 1712 quedó establecida la Villa de San Felipe de Linares. A 305 años, hoy en día es una municipalidad repleta de rasgos distintivos que definen a ésta ilustre tierra, situada en un valle delimitado al oeste por la Sierra Madre Oriental, al este por las llanuras que van al Golfo de México, al sur el río Pablillos y al norte por el río Camacho.  Precisamente está en el corazón del noreste mexicano, al pie de las montañas que lo comunican al altiplano; entre Monterrey y Ciudad Victoria, Tamaulipas.


Desde el siglo XVII su territorio fue cruzado por los llamados “señores de ganado” que vinieron con sus miles de cabezas de ganado menor a pastar y a engordar. Como una forma de crear seguridad a sus asuntos ganaderos, dejaron estancias y poblaciones que bien podían enlazar la ruta de Matehuala con la Villa de San Juan Bautista de Cadereyta, San Mateo del Pilón y Monterrey. Entre las montañas de la Sierra Madre se forman valles regados por ríos de buen caudal, en donde alguna vez vivieron los grupos originarios que no vieron con buenos ojos, los procesos de pacificación y colonización de los recién llegados. Por ejemplo, el 10 de junio de 1655 un caudillo de la tribu de los “Hualahuises” atacó la labor de Nicolás Vázquez allá por el rumbo de Labradores en el actual Galeana. Fueron perseguidos y atrapados por Antonio Orpinel, un vecino de Matehuala  (que aún estaba dentro de la jurisdicción del Reino) para luego llevarlos a Monterrey, en donde fueron bautizados por el entonces gobernador don Martín de Zavala quien lo perdonó en un acto público.  Al cacique le pusieron Martín por su padrino y en consecuencia le conocieron como Martín Hualahuis.  Junto con los suyos, lo congregaron en una misión a la que llamaron de San Cristóbal de los Hualahuises, atendida por los padres franciscanos. El cronista y poblador Juan Bautista Chapa señala en sus relatos, que la misión de San Cristóbal de los Hualahuises quedó establecida formalmente en 1689.

En 1686 llegó procedente de Santa María Nativitas, Tlaxcala,  el militar Sebastián de Villegas y Cumplido para poblar una hacienda situada en los alrededores. Contrajo matrimonio con Ana María Cantú, viuda de Tomás de León. Cuando solicitó una encomienda de indios que pertenecieron a Marcos Flores y Ana de Ovalle, argumentó que su esposa era descendiente de los fundadores del Reino. Para  octubre de 1700 estaba casado con Anastasia Cantú, vecina del Pilón y pidió otra encomienda de indios pertenecientes al grupo de los “ampapa caeme amiguas”, que de acuerdo a don Pablo Salce Arredondo designa a los indios “que se untan de almagre y comen pescado”; mientras el padre Pedro Gómez Danés los hace parte de la nación de la etnia de los “borrados”.

Sebastián de Villegas y Cumplido hizo campañas de pacificación por el sur del Nuevo Reino, llegando a ser sargento después de servir como soldado raso, luego formó un pequeño ejército compuesto por diez hombres que mantuvieron en estado de paz a la región. Para 1711 junto con su señora donaron la hacienda de Nuestra Señora de la Soledad con ocho caballerías de tierra, que habían comprado a doña María Díaz Varela. Gracias a una licencia del virrey constituyeron el nuevo asentamiento, dentro de la jurisdicción territorial y política de Hualahuises. Pero de acuerdo a las Leyes de Indias, no podían fundar un pueblo a menos de cinco leguas de otro.

Las cinco leguas equivalen más o menos a 25 kilómetros y Linares está a menos de dos leguas de Hualahuises. De ahí viene el viejo problema y una característica esencial entre ambos municipios. Hualahuises debió quedarse con una jurisdicción territorial de 25 kilómetros por cada lado y ahora solo tiene 126 kilómetros cuadrados. Es el único municipio enclavado dentro de otro en todo México, de ahí que lo consideren  “el Vaticano de Nuevo León”.

Mediante cédula real erigieron la nueva villa a la que pusieron de San Felipe de Linares el 10 de abril de 1712, en honor a San Felipe Apóstol y al entonces virrey de la Nueva España, don Fernando Alencastre Noroña y Silva, duque de Linares. Como la fundación de la Villa de San Felipe de Linares, se hizo en terrenos de Hualahuises, sus habitantes protestaron y pidieron que la nueva población se alejara a distancia legal.

Surgieron dificultades que llamaron la atención del gobernador del Reino como de la autoridad virreinal. Para solucionar este conflicto eligieron como juez de comisión al Lic. Francisco de Barbadillo y Victoria, del Consejo de su Majestad y Alcalde de Corte de la Real Audiencia de la Ciudad de México. Llegó a Monterrey en diciembre de 1714 para también poner en paz a los levantamientos de los grupos de naturales, que por el maltrato habían dejado las misiones por el abuso de los encomenderos y de los señores de ganado. En compañía de Juan Guerra Cañamar y de fray Juan de Lozada, refundaron las misiones de San Antonio de los Llanos (actual Hidalgo, Tamaulipas), las del Río Blanco (Aramberri y General Zaragoza), Labradores (Galeana), Hualahuises, Agualeguas, las de Purificación y Concepción en el Valle del Pilón y la del Pueblo de Guadalupe.


También dispuso que los vecinos de San Felipe de Linares fijaran la villa en un lugar más distante. Pero los habitantes de San Felipe queriendo establecerse en el punto ya propuesto, se dirigieron otra vez con el virrey don Fernando Alencastre Noroña y Silva. Recabaron informes tendientes para justificar los hechos apuntados en la petición, resultando favorables los oficios rendidos por los comisionados. El 15 de noviembre de 1715 se les permitió quedarse en el lugar donde habían erigido la villa. Con la misión de los Hualahuises tan cercana, la nueva población se protegía mejor de las incursiones de los llamados indios bárbaros. El fundador de Linares, el sargento don Sebastián de Villegas y Cumplido murió en la Villa de San Felipe de Linares el 3 de agosto de 1728.

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Estudié filosofía en la UNIVA de Guadalajara y soy el cronista de Santa Catarina, Nuevo León

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Soy un trota sueños y buscador de símbolos y signos. Nací en Santa Catarina, N.L. en 1965. Fui becario del Centro de Escritores de Nuevo León en 1993. Escribo, busco, leo, hablo cada miércoles en un programa de radio. En De Solares y Resolanas, quiero expresar, manifestar, escribir mis reflexiones, vivencias y apreciaciones sobre lo que veo, de donde vivo, me muevo y existo.