martes, 11 de abril de 2017

Zapata: de la historia al mito nacionalista

Antonio Guerrero Aguilar

Emiliano Zapata nació el 8 de agosto de 1879 en San Miguel Anenecuilco, Morelos. Hijo de Gabriel Zapata y Cleofás Salazar. Siendo un niño fue testigo de la tristeza y el coraje de su padre, cuando un cacique del lugar mandó quitarles sus tierras. Perdió a sus padres en 1896, por lo que tuvo que dedicarse a las labores agrícolas y a la arriería. Como buen domador de caballos, fue contratado por Ignacio de la Torre y Mier en 1906, para que se hiciera cargo de las faenas de la hacienda de Tenextepango. Si, el famoso yerno de don Porfirio que se hizo célebre por aquella reunión de los 41. Cuentan que cada vez que Emiliano caía en la cárcel por alguna rebeldía social o pendencia, contaba con el apoyo de su patrón. Es de todos bien sabido que  Emiliano siempre participó de lado de quienes se sentían despojados de sus tierras. A cada rato y por rebelde lo metían a pelear entre la leva. Por eso en 1909 fue comisionado de parte de un consejo de ancianos para organizar una junta de defensa y tramitar ante las autoridades respectivas el regreso de sus tierras. Zapata fue hecho prisionero, más al salir de la cárcel repartió tierras a sus campesinos. Todos sus conocidos, daban crédito que el indio suriano tenía habilidad la táctica para la guerrilla y lo único que quería era aplicar la justicia social, regresar la tierra a sus verdaderos dueños y ayudar a los desposeídos que lo vieron como un justiciero que defendía a los explotados del campo. Por eso, su frase célebre lo describe perfectamente: “Tierra y Libertad”.


El año de 1911 fue decisivo para todas las comunidades de Morelos que se levantaron en armas siguiendo el llamado del Plan de San Luis. Con sus tropas propinó sonadas derrotas al ejército federal. Fue cuando Porfirio Díaz decidió que Aureliano Blanquet y Victoriano Huerta se hicieran cargo de Zapata a quien consideraban como un simple bandido. Cuando Madero por fin llegó a la presidencia, sorpresivamente Zapata se pronunció en contra de su régimen al acusarlo de continuar con las mismas prácticas injustas del porfiriato y para ello antepuso el Plan de Ayala al de San Luis.

El Plan de Ayala fue acordado en la Villa de Ayala, Morelos el 28 de noviembre de 1911. Ahí, un grupo de prominentes campesinos, entre los que se hallaba el mismo Zapata, Otilio Montaño, José Trinidad Ruiz, Eufemio Zapata, Jesús Morales entre otros más. Desconocieron a Madero como presidente, decidieron continuar la revolución al amparo del Plan de San Luis pero con reformas sociales como la de regresar las tierras y el patrimonio ancestral a sus originales propietarios, mejorar la condición económica de los hombres del campo y de sus familias, nacionalizar los bienes de los hacendados e inversionistas que se habían beneficiado con las políticas económicas del viejo régimen; le confiaron a Pascual Orozco la jefatura de la revolución y en caso de no aceptar, dejar a Zapata en su lugar y también exigieron el nombramiento de un presidente interino para que convocara a elecciones y juzgar como traidores a los militares que se siguieran el ideario campesino. Como respuesta, Madero pidió a Felipe Ángeles que le hiciera frente a los reclamos zapatistas contenidos en el Plan de Ayala. Pero en un hecho excepcional, tanto Ángeles como Zapata entendieron el verdadero sentido de la revolución y mantuvieron con paz y tranquilidad al estado de Morelos.

Después de la Decena Trágica, Zapata y su ejército suriano apoyaron al Plan de Guadalupe y se levantaron en armas en contra del usurpador Victoriano Huerta. Inmediatamente Zapata aprovechó para aplicar los principios del Plan de Ayala para repartir las tierras a los campesinos. Al triunfar dicha revolución en 1914, Zapata como Villa desconocieron el liderazgo de Venustiano Carranza como primer jefe constitucionalista, por lo que los principales jefes revolucionarios se trasladaron a la ciudad de Aguascalientes que hizo suyos los reclamos del Plan de Ayala.


El 4 de diciembre de 1914, Villa y Zapata acordaron un pacto en Xochimilco para luchar juntos en contra del constitucionalismo. La División del Norte y los guerrilleros del Ejército Libertador del Sur, formaron una alianza militar; la División del Norte hizo suyos los postulados del Plan de Ayala, ofreció  armas y municiones a los campesinos surianos y decidieron buscar un presidente civil que diera fin a la lucha revolucionaria. También se dispuso que los dos bandos, avanzaran sobre la Ciudad de México. Fue cuando se vio a los zapatistas portar el estandarte de la Virgen de Guadalupe a su entrada a la capital de la República. Momentos memorables para los mexicanos quienes vieron tanto a Villa como a Zapata juntos. En esa legendaria ocasión, Villa aparece sentado en la silla presidencial y al levantarse le dice a Zapata: “Te toca”; Zapata le responde que él no peleó por política sino para regresar la tierra a los campesinos.

Después de las derrotas a la División del Norte en 1915, Zapata regresó a sus dominios. Tenía el control militar y social de su estado y de otras regiones circunvecinas, poniendo en práctica una reforma agraria en beneficio de los campesinos. Carranza dispuso una serie de medidas tanto políticas, económicas y militares para derrotar a Zapata y mandar al traste su Plan de Ayala. Ordenó  a Pablo González Garza que hiciera una campaña carrancista en contra de Zapata. Los zapatistas se hacen fuertes en algunas regiones de Morelos y Guerrero en donde los carrancistas no pudieron con el guerrillero del Sur. Por fin, las tropas carrancistas tomaron Cuernavaca en 1918. Hubo un intercambio epistolar con Jesús Guajardo quien le hizo creer que mantenía diferencias con su jefe Pablo A. González. Como prueba, mandó ejecutar a unos traidores que habían hecho daño al movimiento agrario.  Zapata invitó a Guajardo para que se sumara al Ejército del Sur para desconocer a Carranza. Los de la División del Noreste decidieron aprovechar la confianza de Zapata para hacerlo caer en una trampa. Desde tiempo atrás Guajardo, participaba en algunas batallas en contra de las tropas constitucionalistas para hacer creer a Zapata que se pasaría a su grupo.

Guajardo invitó a comer a Zapata en la hacienda de Chinameca, Morelos. Al ingresar se vio envuelto en una emboscada que terminó con la vida de Emiliano. El 10 de abril de 1919 murió acribillado mi general Zapata. Cuentan que cayó boca bajo, como si tratara de abrazar y besar a su tierra que tanto quiso. A Jesús Guajardo le dieron 50 mil pesos y lo ascendieron a general, pero luego murió a manos de los obregonistas que triunfaron con el Plan de Agua Prieta en 1920, quienes decidieron hacerle un juicio sumario en Monterrey por oponerse a Adolfo de la Huerta. Para los seguidores del carrancismo en Nuevo León y Coahuila, Guajardo le ganó en buena ley a Zapata. Para otros, fue la ley de la vida que pone a cada quien en su sitio.



Luego viene la leyenda justificada en un mito. Zapata no murió. Era tan desconfiado que mandó a un pariente que se le parecía. El cadáver tenía los dedos completos y a Emiliano le faltaba uno. Que si las verrugas en la cara, que era muy taimado y no se iba a dejar de aquellos que le ofrecían pelear por su causa. Plutarco Elías Calles consolidó la fama, como una estrategia para desacreditar al constitucionalismo. Decían que se fue a trabajar con jeque árabe para que le cuidara sus caballos allá en el Medio Oriente. Para otros peleó al lado del insigne general César Augusto Sandino en la amada Nicaragua y contra los franquistas en España. Que siendo anciano murió en un arrabal de alguna ciudad perdida en el Valle de Anáhuac. Lo cierto es que Zapata vive, y la lucha sigue en un país en donde las demandas de los idealistas de la Revolución, se truncaron por los proyectos de pragmatismo y conveniencia que impusieron los que ganaron.

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Estudié filosofía en la UNIVA de Guadalajara y soy el cronista de Santa Catarina, Nuevo León

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Soy un trota sueños y buscador de símbolos y signos. Nací en Santa Catarina, N.L. en 1965. Fui becario del Centro de Escritores de Nuevo León en 1993. Escribo, busco, leo, hablo cada miércoles en un programa de radio. En De Solares y Resolanas, quiero expresar, manifestar, escribir mis reflexiones, vivencias y apreciaciones sobre lo que veo, de donde vivo, me muevo y existo.