domingo, 18 de junio de 2017

Piedras Negras: la puerta de México

Antonio Guerrero Aguilar/

El franciscano Juan de Larios avanzó al norte,  más allá de lo que una vez fue la Nueva Almadén, actual Monclova entre 1674 y 1679. Llegó hasta el Río Grande; en donde estableció algunas misiones, congregando a varias naciones indígenas. Con la fundación efectiva de la villa de Santiago de la Monclova el 12 de agosto de 1689, fue posible establecer pueblos, presidios y misiones más al norte.


En lo que actualmente es el municipio de Piedras Negras, había un presidio al que llamaron Monclova Viejo. En 1701, una compañía militar se quedó en un presidio y misión que llamaron de San Juan Bautista y al año siguiente, el capitán Diego Ramón y fray Alonso González, apoyaron otra misión dedicada a San Bernardo, cercanas al paso llamado de los franceses en el Río Grande. Pronto la región llegó a consolidarse como punto esencial para los proyectos de pacificación y población en Texas. En la segunda mitad del siglo XVIII, el límite de Texas con las provincias del Nuevo Santander y Coahuila era el Río Nueces.

Después de los Tratados de Guadalupe Hidalgo, el 2 de agosto de 1848, el gobierno de los Estados Unidos, dispuso la formación de puestos militares a lo largo de la frontera, con la intención de proteger sus intereses en los territorios recientemente anexados. En un sitio conocido como el Paso del Águila, establecieron el fuerte Duncan. Fue cuando el entonces presidente  José Joaquín Herrera autorizó la creación de colonias militares a lo largo del río Bravo con el fin de proteger la frontera norte de México e iniciar poblados en la zona norte del país, en los límites del Río Bravo. En ese tiempo, la región se le conocía como Distrito del Río Grande.


La Comandancia General de las Colonias Militares de Oriente, decidió el establecimiento de una colonia militar en el paso de Piedras Negras, llamada así por los ricos yacimientos de carbón que hay en el subsuelo. El 15 de junio de 1850, José Manuel Maldonado y los capitanes José María Andrade y José María Sáenz junto con 56 vecinos, fundaron la villa de Herrera, en honor a José Joaquín de Herrera. Eligieron como su primer alcalde a Luciano de la Cerda y como síndico Antonio Arredondo. El 14 de agosto de 1850 quedó formalmente establecida  la Colonia Militar de Guerrero en Piedras Negras, por lo que la Villa de Herrera quedó fusionada a la nueva colonia militar.

En agosto de 1855 desapareció la colonia militar al crearse la villa de Piedras Negras. Tiempos difíciles para la región norte de Coahuila, que sufrió invasiones de filibusteros texanos quienes incendiaron y saquearon la población, además de múltiples incidentes con los militares del Fuerte Duncan. Fue cuando el poder económico y político se trasladó de Río Grande (en el actual Guerrero) a Piedras Negras el 26 de agosto de 1856 que se benefició con la aduana.

En 1857 Santiago Vidaurri, aprovechando la situación por controlar a la aduana, buscó la anexión de Coahuila con Nuevo León. Por Piedras Negras se comerciaba el algodón, los alimentos y las armas que apoyaron a la guerra de los Tres Años o de la Reforma y posteriormente para fortalecer a los estados sureños durante la guerra civil norteamericana. El algodón sureño entraba por Piedras Negras, llegaba a Monterrey y de ahí lo trasladaban hasta Matamoros, Tamaulipas para sacarlo con rumbo a Inglaterra.

Es cuando surgen las primeras fábricas de hilados y tejidos en la región. En 1864 se promulgó la separación del estado de Coahuila al de Nuevo León y por ende la nueva constitución política dividió el territorio del estado de Coahuila en cinco distritos, nombrando como cabecera del distrito de Río Grande a Piedras Negras. Fue cuando la región fue testigo de los intentos franceses por controlar la zona, que se detuvo después del enfrentamiento el 4 de abril de 1865 en Gigedo.


En 1883 Piedras Negras quedó unida por el ferrocarril a muchas ciudades del país como de Texas, convirtiéndose en un verdadero polo de desarrollo regional, alcanzando la categoría de ciudad el 1 de diciembre de 1888, cambiando su nombre por Porfirio Díaz. En 1894 le fue anexada la Villa de Fuente y el 2 de febrero de 1902, don Porfirio Díaz estuvo en la ciudad. Tiempos de halagos y reconocimientos, a tal grado que Candela también alcanzó la categoría de ciudad en 1890 con el nombre de Romero Rubio, en señal de respeto hacia la esposa de don Porfirio.

Simbólicamente Francisco I. Madero entró por Ciudad Porfirio Díaz para iniciar la lucha armada un 20 de noviembre de 1910 y el 1 de junio de 1911, comenzó su campaña rumbo a la presidencia de la República. Don Venustiano Carranza, siendo gobernador del Estado, decretó el cambio de nombre a la ciudad para regresar a su antiguo nombre de Piedras Negras. Aquí en Piedras Negras pasó su infancia don José Vasconcelos. Tierra de gente buena y trabajadora, de mujeres bellas y de señoras que se jactan de hacer las mejores tortillas de harina y el cabrito en el noreste mexicano. Aquí comenzaron a prepararse los famosos “nachos”. Probablemente aquí surgió el mito gastronómico y cultural que divide a México en Aridoamérica y Mesoamérica: “donde termina el guisado y comienza la carne asada, ahí termina la civilización”.

Una ciudad la cual ha sido destruida por incendios, inundaciones y hasta tornados. Una ciudad eje en la cual coinciden los municipios de la región de los cinco manantiales con la zona fronteriza de Coahuila. Una ciudad bella, que dista mucho de ser una típica urbe fronteriza de México. Yo quiero mucho a Piedras, pues ahí pasé el verano de 1979, cuando mi papá trabajaba en una constructora en la Minera Carbonífera Río Escondido. Ahí conseguí mi primer trabajo. Por eso, es un honor regresar y recrear paisajes que viví hace ya tiempo, especialmente en la antigua estación de Río Escondido. Larga vida a Piedras. 

¡Ajá!

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Estudié filosofía en la UNIVA de Guadalajara y soy el cronista de Santa Catarina, Nuevo León

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Soy un trota sueños y buscador de símbolos y signos. Nací en Santa Catarina, N.L. en 1965. Fui becario del Centro de Escritores de Nuevo León en 1993. Escribo, busco, leo, hablo cada miércoles en un programa de radio. En De Solares y Resolanas, quiero expresar, manifestar, escribir mis reflexiones, vivencias y apreciaciones sobre lo que veo, de donde vivo, me muevo y existo.