sábado, 15 de julio de 2017

Si el estadio Tecnológico hablara, si el Cerro de la Silla nos contara

Antonio Guerrero Aguilar/

Con 350 alumnos y 14 maestros, el Tecnológico de Monterrey comenzó a impartir cátedras en 1943 en una casona ubicada cerca de la catedral. Al poco tiempo construyeron un campus, un espacio en donde se definió un estilo que unificara el paisaje con la naciente institución. Los insignes fundadores eligieron un predio al sureste, allá por el Ancón del Huajuco rumbo a la Carretera Nacional, precisamente al pie de la cordillera con la que todos relacionamos a Monterrey. Y vaya que el mejor sitio para apreciar la imponente belleza del Cerro de la Silla, está en el punto que eligieron para la sede del centro educativo en 1947. ¿Y saben por qué? Porque la mejor vista del cerro está desde el estadio y el mejor atardecer rumbo al poniente, a las Mitras, la M y la Huasteca se aprecia desde la tribuna de sol.


Una vez el gran Alfonso Reyes se refirió a la montaña distintiva de Monterrey: “Oh cerro mitológico, quien estuviera en tu cima, para admirar desde lo lejos al famoso tecnológico”. Una serranía que se puede ver desde distinto puntos, tan hermosa como emblemática: “y me deleité con el Cerro de la Silla, que cambia de colores con las horas, precioso amuleto de la ciudad” continúa el regiomontano universal. Otro poeta llamado Francisco de Paula Morales sentenció: “No hay cumbre como tú, que el sol tramonte”.

La institución quedó al amparo de una montaña. El alumnado creció junto con el número de docentes y administrativos. Para ellos destinaron esfuerzos y recursos para levantar aulas, talleres y demás espacios en donde los alumnos pudieran combinar aspectos de una formación integral. El campus Monterrey comenzó a operar en 1947. ¿Cuáles fueron los primeros edificios del campus Monterrey? Aulas 1 y 2, algunos talleres y laboratorios en los que ahora se levantan nuevos complejos de investigación y docencia, la “Carreta” de 1949, el estadio y el edificio de rectoría junto con la biblioteca Cervantina y el mural de Jorge González Camarena corresponden a 1954. Según Ricardo Elizondo, a la cafetería le llamaron la “Carreta”, porque parecía una ficha de dominó situada en medio de las Aulas 1 y 2.


Desde sus orígenes se formaron equipos representativos para las competencias, entre ellos uno de futbol americano al que llamaron desde 1945, los Borregos Salvajes. Pero necesitaban de una casa, un estadio en donde las competencias orientaran el espíritu deportivo de los estudiantes. Para ello se formó un patronato que coordinó la construcción del circuito, quedando como presidente Hernán Sada Gómez, en la vicepresidencia Fernando Von Rossum y Roberto Zambrano, como secretario el Lic. Roberto Guajardo Suárez y prosecretario Rodolfo Hernández Ochoa. En la tesorería Ignacio Martínez Jr. y el Lic. Alfonso González Segovia como protesorero, mientras que el C.P. Ricardo Medrano y Lic. Emilio Guzmán Lozano en las vocalías. La primera etapa del inmueble fue diseñada por el arquitecto Ricardo Guajardo, la cual comprende el primer nivel y las rampas de acceso, mientras que la Constructora Maiz Mier fue la encargada de llevar del plano a la realidad tan importante proyecto y dar cabida a 19 mil espectadores. Una vez concluida la obra, fue inaugurada el 17 de julio de 1950 por el presidente Miguel Alemán Valdés.

La segunda etapa fue realizada en 1965 por el arquitecto Eduardo Padilla, con la intención de dar cabida a poco más de 33 mil asistentes. Conviene señalar que la hechura de las dos etapas, fue financiada por la venta de palcos y asientos a permanencia. Y así como el campus crecía, el estadio también. En 1966 se le añadió la tribuna volada y en 1991 la superficie atlética de tartán, la primera en el país. Por su hechura, el Estadio ganó un premio por el diseño "World Arq" (1973).

Desde 1950 el recinto fue testigo recurrente de hazañas y eventos deportivos. Originalmente estaba previsto para ser la casa del equipo de fútbol americano, los Borregos Salvajes del Tecnológico de Monterrey, pero al poco tiempo permitieron que su cancha fuera escenario para el fútbol soccer. El 11 de diciembre de 1951 se jugó el primer encuentro con iluminación y el 2 de agosto de 1952 ocurrió el primer partido oficial entre el Club de Futbol Monterrey y el Veracruz, cuando aún estaban en segunda división. Ganó el Veracruz 3 a 1. En ese campo, los Rayados del Monterrey ganaron dos campeonatos de segunda división. También fue sede de un equipo de futbol llamado Club Deportivo Anáhuac y de algunos partidos de los Jabatos de Nuevo León.


El encuentro inicial en primera división ocurrió el 15 de julio de 1956. Las Chivas Rayadas del Guadalajara se impusieron 4 a 0. Otra fecha memorable para considerar: 27 mil espectadores acudieron al primer lleno en el graderío en un partido de futbol el 4 de marzo de 1972. Jugaron el Monterrey y el Cruz Azul. Hay aficionados que aún recuerdan los gritos y las porras que festejaron el triunfo del Monterrey con un marcador de 3 goles a 0. El 13 de enero de 1973, los Rayados se despidieron del Estadio venciendo al Zacatepec 1 a 0, para mudarse al Estadio Universitario. El Monterrey regresó a su casa un 20 de septiembre de 1980. Previo al Mundial de Futbol México 86, se hizo la herradura de la parte norte para aumentar su aforo a 38 mil aficionados de acuerdo a las exigencias de la FIFA, autorizando al Tec como sub-sede del Mundial de México 86. En ese verano, se jugaron tres partidos mundialistas, Inglaterra enfrentó a Portugal, Marruecos y Polonia.

El recinto ha sido testigo de los campeonatos de los Rayados: el del torneo México 86 el 1 de marzo de 1986. En 1991 se alzó con el trofeo del Torneo de Copa. El Campeonato de Apertura 2009, la Interliga en enero de 2010 y el de Apertura 2010. El 1 de mayo del 2013, el Monterrey ganó la Concachampions. Pero también hay momentos difíciles, cuando el 21 de mayo de 1993, Monterrey perdió la final en contra del Atlante 3-0, un juego inolvidable en donde la afición rayada puso la muestra de alegría que nunca dejó de apoyar a su equipo. Tampoco podemos dejar atrás los logros de los Borregos Salvajes del Tecnológico de Monterrey. La escuadra al mando de Frank González se llevaron varios clásicos estudiantiles contra los Auténticos Tigres de la UANL, así como los campeonatos de la Liga Mayor de la ONEFA en el 2001, 2002, 2005 y 2008, siendo imbatibles en el emparrillado del Tecnológico.


En ésta cancha se ha jugado una Copa del Mundo Juvenil en 1983, algunos partidos de Copa Libertadores y de CONCACAF, clásicos estudiantiles y futboleros y el famoso partido en contra del Real Madrid el 13 de mayo de 1990, que ganaron los del Monterrey. El último partido se jugó el 10 de mayo de 2015, con un empate de dos goles frente a los Pumas de la UNAM. Y en su pista de tartán, la bahamense Tonique Williams y Ana Gabriela Guevara corrieron los 400 metros de la Galatlética el 11 de mayo de 2005. Sin olvidar los grandes conciertos de Bon Jovi y U2, entre otras bandas más que cantaron desde el escenario que levantaron en la herradura.   El Estadio se va del paisaje, pero no en el recuerdo de una gran ciudad e institución, que vibraron en muchísimas ocasiones por los triunfos, los goles y los logros de dos aficiones que colocaron a Monterrey y al Tecnológico, en el escenario deportivo mundial.


Pero en su lugar, levantarán uno más acorde a las necesidades de la institución que se abre a todo el sector sur de la ciudad. Con menos capacidad, pero con la misma importancia y con la misma posibilidad de ver el paisaje de los alrededores. Las montañas ahí están y seguirán siendo testigos de las proezas y acciones que los alumnos y maestros del Tecnológico realizan en beneficio de la comunidad. 

Este artículo fue publicado en la Revista Campus Cultural del Tec de Monterrey, Campus Monterrey, No. 84, junio de 2017

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Estudié filosofía en la UNIVA de Guadalajara y soy el cronista de Santa Catarina, Nuevo León

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Soy un trota sueños y buscador de símbolos y signos. Nací en Santa Catarina, N.L. en 1965. Fui becario del Centro de Escritores de Nuevo León en 1993. Escribo, busco, leo, hablo cada miércoles en un programa de radio. En De Solares y Resolanas, quiero expresar, manifestar, escribir mis reflexiones, vivencias y apreciaciones sobre lo que veo, de donde vivo, me muevo y existo.