domingo, 10 de septiembre de 2017

El Corrido de Monterrey

Antonio Guerrero Aguilar/

Monterrey cuenta con al menos cinco cantos representativos, como el “Monterrey shotis” de Ángel Quintanilla y Aliber Medrano, el de Pepe Guízar que comienza interpretado magistralmente a capela: “Monterrey, tierra querida, es el cerro de la Silla”, o una canción tan hermosa que interpreta Marilú Treviño. Pero la más conocida de todas, “El Corrido de Monterrey” fue compuesta en 1942 por Severiano Briseño, un cantautor nacido en 1902 en San José de las Canoas, San Luis Potosí. De niño vivió en Tampico y formó parte del trío Los Tamaulipecos que participaron en la película “Cuando lloran los valientes” (1945); ahí también Pedro Infante cantó un singular y desconocido corrido dedicado a Monterrey que comienza: “Desde lo alto del cerro de la Silla, estoy mirando a mi lindo Monterrey”.


Por su composición musical, don Severiano Briseño alcanzó la fama artística en Monterrey, por eso las autoridades municipales como los principales industriales decidieron respaldar su carrera y lo nombraron hijo predilecto de la ciudad por su aportación tan significativa. El corrido se puede cantar fácilmente por la sencillez de la letra y lo pegajoso de su música. La pieza musical se popularizó cuando la interpretó Pedro Infante en la película “Escuela de Música” (1955), en donde personificó a Javier Prado quien al tomar un tequila, se inspira para cantar acompañado por una orquesta de señoritas dirigidas ni más menos que por Libertad Lamarque. Y desde entonces, la canción se hizo tan conocida que no puede faltar en fiestas, reuniones o eventos en donde se resalte la historia y la identidad de ser de Monterrey.

Durante una gira artística que Los Tamaulipecos hicieron a Mazatlán, le preguntaron a don Severiano qué era lo que más le gustaba de Sinaloa y contestó: “sus mujeres y la tambora”. Fue cuando uno de los presentes le reclamó: “Oye, ¿qué le ves a Monterrey que no tenga Sinaloa? ¡Házle un corrido a Sinaloa para estar igual!” Y en consecuencia compuso “El Sinaloense”. Don Severiano dejó de existir el 6 de octubre de 1988, dejando un legado de gran valor para el acervo de la música popular mexicana.

En el corrido hay muchas referencias regionales. En la primera estrofa dice: “Tengo orgullo de ser del norte, del mero San Luisito, porque de ahí es Monterrey, de los barrios el más querido, por ser el más reinero, ¡sí señor!, barrio donde nací.” En 1910 el barrio San Luisito se convirtió en la colonia Independencia. Pero Monterrey no está precisamente en el norte, más bien en el noreste mexicano y Monterrey no es de San Luisito, más bien al revés. Prueba de ello es que había un puente llamado así y que ahora se llama del Papa que comunicaba al viejo Monterrey con el popular barrio. En efecto,  a los habitantes que pertenecían al Nuevo Reino de León, les llamaban “reineros”. La segunda estrofa reitera el orgullo por el solar nativo: “Y es por eso que soy norteño, de esta tierra de ensueño, que se llama Nuevo León, tierra linda que siempre sueño y que muy dentro llevo, ¡si señor!, llevo en el corazón”. A decir verdad, en eso don Severiano se “aventó” como decimos por aquí. Pero cuando se piensa en el norte del país, regularmente se vienen a la mente Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.

En la tercera estrofa, se refiere al principal distintivo y símbolo de Monterrey: “Desde el cerro de la Silla, se divisa el panorama, cuando empieza a anochecer, de mi tierra linda y sultana, y que lleva por nombre, ¡si señor!, Ciudad de Monterrey”. El 2 de junio de 1961, unos ingenieros y técnicos perecieron en un accidente cuando probaban el teleférico que estaba en la Ciudad de los Niños, obra auspiciada por el padre Carlos Álvarez. El teleférico llegaba hasta un mirador situado en el cerro de la Silla. Desde entonces  el proyecto espera el sueño de los justos para ser revivido como uno de los atractivos turísticos más importantes de la considerada Ciudad de las Montañas.  En realidad, el cerro de la Silla no está territorialmente en Monterrey, excepto una porción, más bien pertenece a Juárez, Guadalupe, Santiago, Allende y Cadereyta.

Monterrey debe su nombre al entonces virrey de la Nueva España,  don Gaspar de Zúñiga y Acevedo, conde de Monterrey, cuyo origen está situado en Galicia. De ahí que una vez el pensador Gutierre Tibón se preguntara el por qué le decían Sultana a Monterrey, si esa región gallega no estuvo ocupada por los árabes. Parece ser que el título de la Sultana del Norte, tiene que ver con la categoría de la capital industrial de México, con la presencia de palestinos y libaneses que se asentaron en Monterrey desde fines del siglo XIX y principios del XX y por el famoso equipo de béisbol conocido como Sultanes que patrocinaba don Anuar Canavati.

La siguiente estrofa tiene que ver con la zona citrícola, que tanto promovió don José A. Robertson, un empresario norteamericano que llegó en la década de 1880 durante la construcción de las vías de ferrocarril hacia el Golfo. Un hombre al que se le debe la fundación de la compañía de Agua y Drenaje, la ladrillera y del primer juego de béisbol ocurrido en México y tal vez en América Latina,  en la estación San Juan de Cadereyta Jiménez. “En sus huertos hay naranjales cubiertos de maizales, con sus espigas en flor, y en sus valles los mezquitales curvean caminos reales, ¡si señor!, bañados por el sol”. Si había naranjales en Monterrey y en otros municipios ahora conurbados, pero los mejores naranjales estaban y están en Montemorelos, General Terán, Cadereyta y Allende. Resalta los campos cubiertos de maizales, además de los montes y caminos en donde se podían ver los mezquitales, ahora tan dañados por la sobreexplotación de carbón vegetal, muy bueno y recurrente para las carnes asadas, desaparecidos por la voraz mancha urbana sin un crecimiento adecuado.


En la última estrofa, recurre al orgullo de ser regiomontano: “En mi canto ya me despido cantando este corrido, que es de puro Monterrey; ese suelo tan bendecido, de todos muy querido, ¡si señor!, verdad de Dios que sí”. Aunque el 85 por ciento de la población de Nuevo León viva en la zona metropolitana, entre los que destacan Monterrey como capital y otros diez o doce municipios,  el resto de los 50 municipios también son de puro Nuevo León y de igual forma, se sienten muy contentos y orgullosos cuando cantan éste corrido. 

1 comentario:

  1. Sr. Guerrero buenas tardes, tendrá
    Usted las letras de los corridos de Monterrey, creo que son cinco. Ojalá las tuviera o me indica dónde las podría encontrar. Gracias por su apoyo.

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Estudié filosofía en la UNIVA de Guadalajara y soy el cronista de Santa Catarina, Nuevo León

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Soy un trota sueños y buscador de símbolos y signos. Nací en Santa Catarina, N.L. en 1965. Fui becario del Centro de Escritores de Nuevo León en 1993. Escribo, busco, leo, hablo cada miércoles en un programa de radio. En De Solares y Resolanas, quiero expresar, manifestar, escribir mis reflexiones, vivencias y apreciaciones sobre lo que veo, de donde vivo, me muevo y existo.