domingo, 19 de noviembre de 2017

Contrabando, industria y traición

Antonio Guerrero Aguilar/

Los Tratados de Guadalupe Hidalgo y los nuevos límites en el Río Bravo o Grande del Norte en 1848, dejaron a la región en una situación especial como adversa. Primero, quedamos a merced de comerciantes e inversionistas extranjeros que buscaron llevar sus mercancías más al sur de la nueva frontera. Pero el pago por el flete era muy alto, de manera que buscaron alternativas para no costear los pedidos que tanto se necesitaban. Había arrieros que cobraban cantidades considerables que obviamente elevaban los precios de la ropa como de la tela y no faltó quien se dedicara al contrabando. Por ejemplo Marín, Nuevo León se convirtió en una municipalidad con tiendas y almacenes con productos de la mejor calidad, a tal grado que le decían Marín, Texas.


Entonces la respuesta de los primeros inversionistas y empresarios regiomontanos, fue la de abrir fábricas textiles que se dedicaran a la producción y en lugar de comprar, dedicarse a la venta y la búsqueda de mercados en donde se pudieran acomodar los materiales hechos. Primero fue La Fábrica de Hilados y Tejidos La Fama de Nuevo León, cuya sociedad anónima quedó formalmente establecida en 1854 y dos años después inició su operación. Dos accionistas, don Valentín Rivero como Gregorio Zambrano, decidieron instalar una empresa textil más grande allá en El Cercado de Santiago del Huajuco. Le llamaron la Fábrica de Hilados y Tejidos El Porvenir en 1872.

Para eso año, figuran solamente los Molinos de Jesús María propiedad de don Jacinto Lozano, que venían trabajando desde 1842, La Fama de Nuevo León y El Porvenir. Para el ilustre médico Gonzalitos, la industrialización comenzó con la fábrica de mantas de La Fama en 1856.  Para los historiadores Fernando Garza Quirós y Rafael Garza Berlanga, la industrialización de Nuevo León comenzó en 1873. Ambos no encuentran condiciones favorables para la promoción industrial antes de ese tiempo. En cambio, Isidro Vizcaya Canales propone que la verdadera industrialización llegó con la entrada del ferrocarril en 1882.

En cambio José Eleuterio González la guerra de secesión norteamericana ocurrida entre 1861 y 1865, fue la que trajo el auge comercial regional. Fue cuando los inversionistas dejaron de comerciar con algodón sureño y lo plantaron en la comarca lagunera. Muchos comerciantes  compraban géneros y ropa a los separatistas. Pero les fue mal,  se arruinaron enteramente y afectaron a la economía regional. Otros historiadores opinan que en ese tiempo hubo prácticas de contrabando al amparo del gobierno estatal. Vendían armas y alimentos a cambio del algodón.

De acuerdo con el historiador José Roberto Mendirichaga, el comercio regiomontano se hallaba estancado por dos causas, la carestía de las materias primas y el flete y el contrabando que arruinaba el comercio de buena fe. Por eso el Doctor Gonzalitos propuso que se la aplicara la pena de muerte a los contrabandistas que tanto daño hacían al comercio regional.

El abogado Ramón Treviño llegó a la gubernatura de Nuevo León en 1873. Su diagnóstico sobre el problema del contrabando fue similar. En un informe de gobierno sentenciaba: “Es un gravísimo mal que va haciendo caminar a nuestros pueblos a la decadencia”. Criticaba la “ineficaz vigilancia” del Contrarresguardo, que ejercía una vigilancia “activísima” en las principales poblaciones del Estado. Pero dejaba sin protección a las fronteras de Coahuila y Tamaulipas con Estados Unidos. Todo lo anterior mantenía a la región a merced de los intereses de los comerciantes, de los filibusteros texanos a su servicio y a las incursiones que hacían los llamados indios bárbaros.

Como se advierte, en esos tiempos Monterrey estaba rezagado respecto a otras grandes ciudades del país, por el contrabando, los  gastos elevados, derechos y contribuciones, innumerables trabas para instalar industrias y la imposibilidad de acudir a la frontera para comerciar adecuadamente. Aun así, Roberto Law y Andrés Martínez Cárdenas resolvieron abrir una tercera fábrica en 1874, situada entre los Molinos de Jesús María y La Fama. Le llamaron La Leona, supuestamente por la forma que se puede apreciar sobre una montaña de la Sierra Madre Oriental. 

Las primeras industrias nacionales fueron textiles. Lucas Alamán fundó el Banco de Avío en 1830 para propiciar la industrialización mexicana. Primero fue la industria textil en Veracruz, Puebla, México y Querétaro. En Parras de la Fuente abrieron La Estrella en 1836. Para el maestro Rafael Garza Berlanga, en Monterrey inició el proceso industrializador “pues sus fábricas textiles se desarrollaron desde mediados del siglo decimonónico. Fueron fábricas de hulla blanca, de hulla verde, hidráulicas. Tres son los ejemplos: La Fama, La Leona y El Porvenir”. La Fama como El Porvenir se hicieron de maquinaria de Platt and Brothers de Inglaterra. Como las primeras empresas de Inglaterra fueron textiles, mucha maquinaria, equipo y personal especializado llegaron de allá.

Un informe de gobierno correspondiente al año de 1881, mencionaba la existencia de “unas excelentes fábricas de hilados, siendo dos de lienzos, una de las cuales es la primera en su clase”. Ese año hubo la primera Exposición Industrial en Monterrey realizada en el Círculo de Obreros con 115 expositores, 461 objetos expuestos y se otorgaron 80 premios. No aparece La Leona, pero si El Porvenir y La Estrella de Parras que ganaron medallas de oro. La Fama obtuvo una medalla de plata.

Entre 1867 y 1890, la actividad comercial entró en decadencia. Monterrey perdió ventajas como centro de distribución entre México y el sur de los Estados Unidos. Fue cuando decidieron invertir los capitales en negocios nuevos. Pero este obstáculo manifestó cabalmente el espíritu emprendedor de los empresarios regiomontanos. Si el comercio de mercancías no traía beneficios, era necesario producirlos.

Eso explica el por qué las primeras fueron las de textiles. En lugar de comprar artículos los elaboraban en Santa Catarina, Santiago, Garza García y Monterrey. Ese proceso industrializador se cumplió cabalmente con la apertura de la fundidora en 1900. Al terminar el siglo XIX, había 5 mil personas que se dedicaban a la elaboración artesanal de sombreros, muebles, pieles curtidas y zapatos de muy buena calidad. Ese es el origen de Monterrey como la capital industrial de México.

En 1906 las principales empresas textiles, reportaban una producción de  4,637 mil metros de diferentes telas en El Porvenir. La Fama de Nuevo León elaboró 1,620 mil metros de mantas mientras que la compañía La Industrial de Monterrey 1, 246,929 metros de tela y La Leona en Garza García 48,509 piezas del mismo artículo. Todas las empresas en conjunto estaban valuadas en 880,157 pesos.  Una nota de la época resalta la existencia de tres fábricas de mantas con “bellísimos resultados” en La Fama, los “imperiales” en El Porvenir y en La Leona. La de Monterrey desapareció, solo quedaron tres, La Fama, El Porvenir y La Leona.


Paradójicamente ya ninguna de ellas existe. Los descendientes de aquellos pro hombres o cambiaron de giro, vendieron, tronaron o simplemente se benefician de otros proyectos. Monterrey ya no es tanto la “capital industrial” de México. La catalogan como la “ciudad del conocimiento” y como sitio idóneo para instalar de empresas y negocios de carácter global. De veras que los tiempos pasan y se nos olvidan las penurias que padecieron otros para legarnos ésta ciudad.

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Estudié filosofía en la UNIVA de Guadalajara y soy el cronista de Santa Catarina, Nuevo León

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Soy un trota sueños y buscador de símbolos y signos. Nací en Santa Catarina, N.L. en 1965. Fui becario del Centro de Escritores de Nuevo León en 1993. Escribo, busco, leo, hablo cada miércoles en un programa de radio. En De Solares y Resolanas, quiero expresar, manifestar, escribir mis reflexiones, vivencias y apreciaciones sobre lo que veo, de donde vivo, me muevo y existo.