domingo, 21 de enero de 2018

La herencia tlaxcalteca en la región

Antonio Guerrero Aguilar/

Sin lugar a dudas, los pobladores de origen tlaxcalteca, mantenían el nexo cultural y étnico, aunque no habían nacido en los señoríos del Tlaxcala original. Muchos de ellos pertenecían a la segunda, tercera o cuarta generación de aquellas familias que dejaron sus lugares de origen. Para don Israel Cavazos, los vecinos de origen tlaxcalteca residentes en las misiones y villas españolas, comenzaron a usar el adobe para la construcción de sus casas. Para delimitar sus fincas, colocaron cercas de carrizo conocidas como “tachacuales”. En muchos de los pueblos donde llegaron como Aramberri, General Zaragoza y Hualahuises, se producen artesanías como sillas de madera o de tenaza, así como piezas de alfarería. Los vecinos aún elaboran textiles y mantas decoradas a mano, hacen muy buen pan; mantienen cofradías y mayordomías en sus templos y en cada fiesta patronal recurren a ciertas danzas rituales.

Los pueblos se organizaron en barrios, en donde las relaciones familiares son más estrechas. Aunque también llegaron nahuatlatos; a quienes les debemos el uso de voces derivadas  del náhuatl. Es obvio que la cercanía con San Esteban pudo incidir en la adopción de dicha lengua. Pero el náhuatl como segunda lengua oficial novohispana, era usado por los curas doctrineros para dirigirse a los otros pueblos chichimecas. Por eso usamos palabras como mecate, molcajete y otras más.

Es de sobra conocido, que la elaboración del pan en Bustamante habla del legado que nos dejaron. Pero a decir de algunos historiadores,  el trigo se sembró en Nuevo León desde la llegada de los colonizadores. Posiblemente se trata de un sincretismo, en donde los indígenas aprendieron a elaborar cosas que los pobladores hacían, añadiendo o ejecutándolos de acuerdo a sus tradiciones y costumbres. Prueba de ello es que en Villaldama se hace muy buen pan que le hace competencia al de Bustamante.


En esos pueblos siempre hubo grupos dedicados a la música. Las personas sabían tañer el arpa y el violín con habilidad y formaban pequeñas orquestas y bandas en las que predominaba la flauta, el clarinete, la tambora y el redoblante. Allá en Tlaxcala tienen el denominado “Conjunto Azteca”, en el cual se usan chirimías, tarolas y el teponaztle. Con ellos ejecutan un jarabe compuesto de varios sones. Pero ese género no es igual a las de nosotros. Posiblemente el “Conjunto Azteca” tenga más que ver con los famosos tamborileros tan comunes en pueblos como Linares, Hualahuises, Montemorelos y General Terán, pero ni el repertorio ni su dotación ni el contexto de la ejecución son parecidos.

Las muestras de la piedad popular también sobresalen en esos pueblos. Desde un principio fueron muy devotos y organizaron pastorelas y coloquios, las procesiones y la estructura de cofradías que preparaban las fiestas más importantes. La devoción a los Cristos e imágenes de vírgenes como El Roble y la Purísima vienen con ellos. Tenemos crucificados hechos en caña de maíz o tallados en madera en García, Bustamante, Guadalupe, Villaldama y Villa Seca en Linares. El Señor de Tlaxcala de Bustamante llegó a fines del siglo XVII y el Señor de la Expiración se le rinde culto en Guadalupe desde 1715. Recordemos el papel preponderante que tuvo la india Antonia La Zapatera de procedencia tlaxcalteca que cuidó a Monterrey durante una inundación en 1719. Nuestra Señora del Roble, encontrada en un roble o nogal, nos recuerda a Nuestra Señora de Ocotlán que se apareció en un ocote. Con el tiempo enfrentaron a la madre con el hijo en la fiesta taurina. Cada vez que alternaban Lorenzo Garza y Fermín Espinoza, los seguidores de Monterrey portaban a la señora del Roble y los seguidores de Armillita al Santo Cristo de Saltillo.


Respecto a las danzas rituales, en Tlaxcala recurren a las contradanzas de carnaval y la de moros y cristianos. Mientras que las danzas del noreste tienen que ver con la obligación y participación de los indios en las fiestas y ceremonias religiosas. Si nos fijamos bien, en todos lados los matachines bailan igual y da la impresión de que los tambores nos refieran a llamados de guerra de los llamados “indios bárbaros” que a cada rato molestaban a pobladores criollos como tlaxcaltecas.

Los tlaxcaltecas mantenían una estructura política que enfrentaba al poderío de los alcaldes mayores y del gobernador. Los pueblos procuraban una organización comunitaria de tipo republicano que gozaba de algunos privilegios, aunque resultaba ejemplar y subversiva a la vez. De ahí que los recuerden como rebeldes y reacios a aceptar tratos injustos en contra de ellos. En conjunto defendían sus derechos, promovían y desarrollaban servicios públicos con sus propios medios, como la limpia de acequias, escuelas de primeras letras, fiestas patronales; sin la presencia del terrateniente, el funcionario nombrado por el rey o el rico comerciante. Procuraban una organización en la que todos podían votar y ser elegidos, guardaban un fondo manejado por un cabildo propio que administrarse el presupuesto sin necesidad de funcionarios casi desconocidos.

También tuvieron problemas con los grupos de naturales, quienes los veían como sumisos ante la autoridad del gobernador de la provincia o reino. Dicen que hasta les decían “indios mandiles”. A cada rato sufrían los continuos albazos y robos contra ellos. Les recomiendo la lectura de Manuel Payno “la Víspera y el día de la Boda” en donde retrata lo que unos lipanes hicieron sobre San Miguel de la Nueva Tlaxcala entre 1838 y 1840. Ahora, durante la guerra insurgente los naturales de la región apoyaron a los grupos rebeldes y se identificaron con la causa independentista, mientras que los tlaxcaltecas fueron leales a la autoridad virreinal.

Ante la poca población de origen tlaxcalteca y ante la posición que mantenían frente a los alcaldes y gobernadores, convino a muchos de los nuestros mezclarse con ellos. Estudios realizados por el padre Pedro Gómez Danés dan cuenta de que hubo matrimonios y alianzas familiares. En un principio, los tlaxcaltecas se aislaron del resto de la población y se concentraron en núcleos casi exclusivos como Guadalupe o San Miguel de Aguayo. Pertenecer a un pueblo tlaxcalteca garantizaba tierras y fondos de comunidad, cabildos exclusivos o esa relativa autonomía que podían expresar frente al gobierno provincial. Tal vez por eso los caciques y capitanejos más conscientes, querían ser como ellos. Por ejemplo en 1677: “... para que la reducción de dichos huachichiles, policía y buenas costumbres de  ellos, en cuya conformidad los asentaron y poblaron al linde de dicho nuestro  pueblo y con ocasión de estar juntos y congregándonos nos hemos ligado de tal suerte que con el tiempo se pedió el nombre de dichos huachichiles por habernos  vuelto todos tlaxcaltecas.”

Como se advierte, en el  XVIII el número de naturales superaba con mucho a los tlaxcaltecas, pero mantenían fiel la tradición de ser de Tlaxcala. Era como algo distintivo y benéfico. Para principios del siglo XIX y quizá debido a la guerra de independencia, el número de tlaxcaltecas aumentó y parece que los naturales desaparecieron.  Posiblemente esto ocurrió  para llevar a cabo el proceso de disolución de los pueblos, que al amparo de las Cortes de Cádiz se podían convertir en villas.


En síntesis, estas consideraciones respecto a los tlaxcaltecas que llegaron en el siglo XVI y XVII para fundar pueblos, que sobresalen del resto por sus tradiciones y costumbres. Seguramente los cronistas y los historiadores de los municipios ya citados, nos pueden ampliar más la información para justificar la presencia y el legado de un pueblo rebelde, imbatible al poderío tenochca que también pobló y tejió relaciones políticas, económicas y sociales en algunos puntos de la Nueva España.

1 comentario:

  1. Me encato su escrito. Yo vivo en Saltillo y aunqu mi familia paterna es de aquí por asuntos de la revolución salieron hacia la capital.
    Me pregunto si hubo convivencia entre tlaxcaltecas y nahuas, pues todavia en algunos pueblso se percibe ese rencor a la traicion tralxcalteca.
    por otro lado para vivir y sentir la presencia Tlaxcalteca que lugar me recomienda visitar.
    Muchas Gracias
    Margarita Alba Gamio y mi correo es margaritalba@hotmail.com

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Estudié filosofía en la UNIVA de Guadalajara y soy el cronista de Santa Catarina, Nuevo León

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Soy un trota sueños y buscador de símbolos y signos. Nací en Santa Catarina, N.L. en 1965. Fui becario del Centro de Escritores de Nuevo León en 1993. Escribo, busco, leo, hablo cada miércoles en un programa de radio. En De Solares y Resolanas, quiero expresar, manifestar, escribir mis reflexiones, vivencias y apreciaciones sobre lo que veo, de donde vivo, me muevo y existo.