domingo, 18 de marzo de 2018

El Nuevo Reino de León en la obra de Eugenio del Hoyo


Antonio Guerrero Aguilar/

Para el inicio de los cursos en el Tecnológico de Monterrey en septiembre de 1943, se requerían maestros y vaya que los trajeron de distintas partes. Fue cuando llegaron hombres y mujeres ilustres que hicieron grande a una institución. A decir de Rafael Garza Berlanga, fue una pléyade de humanistas como Pablo Herrera Carrillo, Luis Astey,  Federico Uribe, Agustín Basave (padre e hijo), Andrés Estrada Jasso, Emilio Amores, Alfonso Rubio y Rubio, Isidro Vizcaya Canales, Eugenio del Hoyo; entre otros muchos más.

Don Eugenio Garza Sada pensó en un gran plantel con buenos jardines, además de una buena y accesible biblioteca, para que los alumnos formaran sus centros de lecturas, de reflexión y descanso.  Una institución en la que la técnica, la ciencia y la cultura dieran rumbo a las tareas de docencia, investigación y extensión.  Eran tiempos en que la rivalidad de la entonces Universidad de Nuevo León se hacía evidente en una sana competencia para ver quien tenía la mejor biblioteca. Si don Manuel L. Barragán hacía gestiones para adquirir los fondos de Emeterio Valverde y Téllez y la colección de Alfonso Reyes para establecer la Capilla Alfonsina entre otros fondos bibliográficos; la familia Prieto de la Fundidora donó sus colecciones del Quijote y gracias al apoyo de empresarios regiomontanos se compraron los fondos Pedro Robredo y la colección de los hermanos Méndez Plancarte tan solo por citar algunos, con la que fundaron una biblioteca le llamaron Cervantina.

Los maestros no solo enseñaban, difundían y ampliaban el conocimiento, preferentemente el de la región a la cual se insertaron todos ellos. Comenzaron a escribir y conocer los archivos parroquiales, consiguieron las colecciones de fotografías como las de Jesús Sandoval y Desiderio Lagrange. Fueron tiempos en donde lo mismo ingenieros, médicos, abogados y ex seminaristas dieron clases de humanidades como la historia, las letras, el arte y la filosofía.

Eugenio del Hoyo Cabrera, (Jerez, Zacatecas, 1914- Monterrey, 1989), llegó a Monterrey en 1950 para trabajar como académico en el ITESM y ocupó además la dirección de la biblioteca Cervantina. Además de su trabajo como bibliotecario de tan importante acervo, se dedicaron a sacar copias en microfilm en donde estuvieron trabajando historiadores como Tomás Mendirichaga, Gerardo de León y Fernando Garza Quirós. Para difundir los trabajos de los maestros y las investigaciones realizadas, crearon la serie de Historia de Tecnológico, unos libros hechos a la usanza antigua por el impresor Arturo Benavides Luna. Ediciones raras y ahora coleccionables y clásicas, que ahora vale la pena rescatar y difundir pues son esenciales para la historia regional que fueron la contraparte cultural y editorial del anuario Humanitas de la Universidad de Nuevo León.

No era un neófito en la escritura. En 1949, don Eugenio presentó “Jérez el de López Velarde” en 1949 y en 1962, el “Índice del ramo de Causas Criminales del Archivo Municipal de Monterrey”. Siguió investigando para escribir su obra cumbre. Para quienes vieron los afanes del maestro Eugenio del Hoyo, cuentan que se trata de un trabajo que le costó años, desvelos y tiempo que le quitó seguramente a su familia, su trabajo y a sus alumnos, pero sin restarle importancia a los mismos. Una vez concluido su manuscrito, acudió a una empresa regiomontana para pedirle apoyo para su publicación. No se concretó la ayuda y entonces visitó a una editorial a la Ciudad de México y tampoco lo imprimieron. La casa en la cual se dedicaba a la docencia y cuidaba su biblioteca, convencida de la importancia e impacto de su investigación decidió publicarlo en el número 13 de la Sección de Historia del ITESM en 1972. 


Fue una edición de tan solo 500 ejemplares, distribuidos en dos tomos que abarcaban la historia del Nuevo Reino de León entre 1577 y 1723, con ocho capítulos, 662 páginas y una imprescindible sección con notas bibliográficas. La temática comprende desde tiempos de Alberto del Canto, Luis Carvajal y de la Cueva, Diego de Montemayor, Martín de Zavala hasta fray Margil de Jesús y Francisco de Barbadillo y Victoria. 

El mismo autor se refiere a su texto como “una colección de ensayos históricos ordenados cronológicamente y señalar temas y caminos a los futuros investigadores y facilitarles la tarea registrando todos los datos que se pudieran obtener”. 

Para dimensionar su investigación, les diré que solo hay dos obras clásicas que abordan la historia virreinal del antiguo Nuevo Reino de León en los siglos XVI y XVII: una de ellas son las crónicas de Alonso de León, Juan Bautista Chapa  y Fernando Sánchez realizadas en ese lapso y la historia que don Eugenio escribió.

El libro se agotó y la editorial Al Voleo del recordado padre Aureliano Tapia Méndez, contando con el permiso correspondiente del autor como de la institución, hicieron una nueva edición de mil ejemplares impresos y entregados a partir del 30 de mayo de 1979 por la Editorial Libros de México.

Respecto a su obra, el historiador Ricardo Elizondo consideró: “En el noreste pocos estudios han tenido influencia tan profunda como el presente. Gracias a la obra de Eugenio del Hoyo, se pudo rectificar, justificar y profundizar en la historia de nuestra región” que ya tiene más de 400 años.


Para quienes tuvimos la oportunidad de tratar a don Eugenio del Hoyo, sabemos de su honestidad, congruencia, firmeza y de su cortesía. De su pasión por la exactitud. De sus cualidades como paleógrafo, de su amor por la docencia y la verdadera enseñanza que dejó en quienes fueron sus alumnos. Acucioso, crítico, dedicado. No muy dado a sacar libros al vapor y publicaciones cíclicas. Esperaba con paciencia para hacer público su trabajo. Consciente del arduo trabajo, crítico consigo mismo y  exigente basado en manuscritos.

Don Eugenio a través de la Cervantina trazó vidas y caminos. Como se advierte en su prólogo: “este trabajo está dedicado a los investigadores que vendrán después de nosotros, solo en ellos pensamos”. Ahí está en forma implícita su aspiración a la trascendencia, pues lo escribió no solo para el público de su tiempo, sino en aquellos que vendrían. Y no se equivocó pues éste libro es uno de los clásicos de la historia regional como la obra de Alonso de León, Juan Bautista Chapa, Fernando Sánchez de Zamora, José Eleuterio González, Rafael Garza Cantú, David Alberto Cossío, Israel Cavazos Garza, Isidro Vizcaya Canales, los Mendirichaga y por supuesto don Eugenio del Hoyo. Por eso el Tecnológico de Monterrey y el Fondo Editorial Nuevo León, hicieron la tercera edición de la Historia del Nuevo Reino de León (1577-1723) por Eugenio del Hoyo en el año del 2005 con 675 páginas. 

Hablar del Nuevo Reino de León, es tratar sin duda a don Eugenio del Hoyo. Siguió aportando con sus investigaciones a la historia colonial del Nuevo Reino de León y de su natal estado de Zacatecas. El falleció el 6 de junio de 1989. 

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Estudié filosofía en la UNIVA de Guadalajara y soy el cronista de Santa Catarina, Nuevo León

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Soy un trota sueños y buscador de símbolos y signos. Nací en Santa Catarina, N.L. en 1965. Fui becario del Centro de Escritores de Nuevo León en 1993. Escribo, busco, leo, hablo cada miércoles en un programa de radio. En De Solares y Resolanas, quiero expresar, manifestar, escribir mis reflexiones, vivencias y apreciaciones sobre lo que veo, de donde vivo, me muevo y existo.