domingo, 1 de abril de 2018

De La Vaquería de San Francisco


Antonio Guerrero Aguilar/

Hubo un pueblo conformado por ocho haciendas tan ricas y productivas que durante mucho tiempo fue considerado un granero proveedor de Monterrey. Era la estancia de San Francisco, propiedad de Gaspar Castaño de Sosa que la pobló a partir de 1583. Dos años después pasó a formar del patrimonio de Diego de Montemayor. Como se advierte, esas tierras que ahora forman parte de la jurisdicción municipal de Apodaca son muy antiguas, fueron recorridas desde tiempos de Alberto del Canto en 1577, por ahí pasaban para trasladarse del Saltillo a Santa Lucía y el Mineral de San Gregorio en el actual Cerralvo. Montes por donde habitaron los indios Guinalaes, alazapas, borrados, xiliguanes y guachichiles.



Cuando la Inquisición pidió la reaprehensión de Carvajal y de la Cueva en 1588, el Reino quedó desprotegido. Incluso de Montemayor pretendió conformar una población o buscar su traslado al Saltillo pero no pudo concretar sus planes. Con la fundación de Monterrey en 1596, don Diego de Montemayor repartió mercedes hacia el norte de la ciudad. Como era tierra de frontera, asediada continuamente por las incursiones de los llamados indios bárbaros; por el rumbo se beneficiaron Domingo Manuel que fundó la Hacienda de Santo Domingo y Juan Pérez de Lerma al norte de los Ojos de Agua de San Francisco. En 1597 se asentó por el rumbo Agustín de Charles, que tuvo un sitio de ganado mayor y seis caballerías de tierra como a dos leguas al norte de Monterrey, precisamente entre las tierras que ahora se conocen como El Mezquital y la cabeza del Topo. Tiempo después, su nieto Andrés de Charles traspasó esa propiedad a Bernabé González. Para propiciar las comunicaciones, se hizo un camino que enlazó a San Bernabé del Topo Grande, con la estancia de los Garza, Santo Domingo, El Mezquital, San Francisco el Viejo y San Francisco el Alto, como puntos que debían transitar entre la capital y las minas de San Gregorio. Esos puntos participaban de la defensa de los viajeros como poblaciones, en especial porque de 1620 a 1630, hubo rebeliones de indios por toda esa región.

Diego de Montemayor vendió esas tierras a don José de Treviño en 1610, quien luego las traspasó en 1624 a sus sobrinos Blas de la Garza y Alonso de Treviño en 4 mil pesos. Fueron unas seis caballerías de tierra equivalentes a unas 256 hectáreas. La Hacienda de San Francisco se dividió, de la Garza se quedó con las tierras viejas y el ojo de agua, mientras que Alonso de Treviño con la porción poniente, en donde se dedicó a sembrar y a mantener sus ganados. La posesión tenía la ventaja de contar con un manantial propio al que llamaban “La Maza de la Carreta”, porque había uno en el agua, además tenía un indio a su servicio unos indios, uno llamado Altamirano y el otro Phelipheche.


Esa mitad de la Hacienda de San Francisco, fueron llamadas de La Vaquería y con el correr del tiempo se le dio nombre de Hacienda de San Juan Bautista del Mezquital. El nombre de la Vaquería nos refiere inmediatamente a un sitio donde pastaban vacas y a la producción de leche. El usufructo constaba de dos caballerías de tierra y un sitio de ganado menor equivalente a 780 hectáreas. El 28 de septiembre de 1643, Alonso de Treviño le vendió su parte de la hacienda de San Francisco a su hermano Blas de la Garza, quien queda como único propietario de la misma en 3,200 pesos que se pagaron en especie y en cantidad. En el contrato se habla de que tenía un molino, acequias, casas y huertas. Don Alonso se fue al Valle de las Salinas y murió en 1654. Hacia 1692, lo hijos de Blas de la Garza, llamados Lázaro, Miguel y Francisco, reclamaron un sitio de ganado menor con un ojo de agua grande arriba de La Vaquería. 

No tengo el dato preciso de cuando pasó a llamarse San Juan Bautista de El Mezquital. Lo cierto es ya en los siglos XVII y XVIII se conformaron las ocho haciendas tan famosas que integraron la municipalidad de Apodaca en 1851, como Santa Rosa, Agua Fría, Huinalá, la Encarnación, San Miguel junto El Mezquital y San Francisco que quedó como cabecera del distrito. Las familias Garza como Treviño formaron núcleos importantes con los Guajardo, Elizondo, Lozano, Sáenz, Martínez, Flores y García, que también poblaron dos haciendas que ahora son del municipio de Pesquería, la del Espíritu Santo y Zacatecas, y otra llamada San José de los Sauces que pasó a formar parte del municipio de General Escobedo en 1868.


Toda esa región me imagino repleta de árboles típicos de la región como encinos, anacuas, anacagüitas, ébanos, mezquites, palmas, con pastizales suficientes, terrenos fértiles aptos para el cultivo como para la ganadería. El Mezquital como que era una extensión del Bosque del Nogalar de Santo Domingo. Cada hacienda tenía su ojo de agua, con la ventaja de que el río Pesquería y el arroyo de la Talaverna atraviesan la comarca. Alguien se refirió alguna vez que la Hacienda de San Francisco era un almacén en donde se guardaba el bastimento del general Agustín de Zavala. Por mucho tiempo, San Nicolás con Santo Domingo, Apodaca y Pesquería eran considerados los graneros de la ciudad de Monterrey, con haciendas tan influyentes y ricas, en donde también se dedicaron a la leche y producción de lácteos, dulces, como la siembra de caña de azúcar con sus trapiches, aguardientes, piloncillo, además de la apicultura.

El Mezquital está entre Santo Domingo de San Nicolás de los Garza y Apodaca, por el antiguo Camino a Roma. Mantiene su centro conservado, en medio de zonas residenciales como de uso mixto. Sobresale su templo parroquial dedicado al santo patrono de San Juan Bautista, la escuela monumental, la plaza y algunas casas con arquitectura netamente norestense. Aunque tuvo todo para ser una congregación, siempre fue considerada como una hacienda del municipio de Apodaca. Cuando se formó la municipalidad de San Nicolás de los Garza en 1831, las autoridades del Congreso se dieron cuenta de que había más habitantes entre San Francisco, El Mezquital y Huinalá que la nueva municipalidad. Ese año registraba 212 almas y en 1910, unos 618 habitantes.  Siendo jurisdicción de Monterrey, en 1831 crearon dos distritos electorales, uno en Santa Rosa al cual pertenecían San José de los Sauces, Agua Fría y un rancho llamado Contreras al norte del río Pesquería. El otro con cabecera en San Francisco del  que dependían El Mezquital y Huinalá. Todos gobernados por un juez de paz,  administrados por el cabildo de Monterrey hasta 1851.

El 16 de mayo de 1936, los vecinos pidieron dotación de ejidos, se les repartió 99 hectáreas. Los ojos de agua comenzaron a mermar hasta que se secaron en 1962. El viernes 14 de septiembre de 1962, el entonces gobernador Eduardo Livas, inauguró el monumento al Prof. Moisés Sáenz, obra del escultor José Luis Ruiz Hernández.

El nombre de El Mezquital, nos refiere a una comarca poblada de mezquites. Estos pueden amarillos, colorados, blanco, chino, de miel. Dicen que hay como diez variedades. La palabra que designa al árbol de las leguminosas con madera gruesa y fina para hacer muebles, puertas y pisos, es de origen náhuatl, significa árbol de goma para tinta. Las hojas son buen forraje para dar alimento a los ganados y las vainas se pueden comer. Produce una resina que puede ser usada como goma.


Esta ex hacienda y congregación de Apodaca situada en la zona metropolitana de Nuevo León, tan famosa porque por aquí pasó el ejército norteamericano en septiembre de 1846, vivió un ex gobernador y candidato presidencial de nombre Aarón Sáenz, nació un hermano suyo que fue diplomático y educador, el creador de la educación secundaria en México llamado Moisés Sáenz, por ser lugar de paso entre Monterrey y Cerralvo por el viejo camino a Roma, Texas, porque ahí dio cobijo a una importante comunidad presbiteriana a fines del siglo XIX y ahí vivió un médico que sembró las ideas del movimiento de liberación nacional y zapatista en Chiapas. Con sus casonas, su vieja escuela, las calles y la vegetación que nos transporta a otros tiempos. Cada 24 de junio hacen fiesta en honor al Santo patrono San Juan Bautista, la voz que clama en el desierto, con una feria en donde se cocina el mejor cabrito de la localidad y de la región.

Los antiguos pobladores dividían sus tierras en caballerías y peonadas, las primeras para quienes tenían caballo y podían recorrerlos en ellos; las otras para quienes andaban a pie. Una caballería comprende poco más de 42 hectáreas. También tenían sitios de ganado mayor en donde pastaban caballos, burros y reses, mientras que los sitios de ganado menor eran para las cabras y borregos. El primero con 1,755 hectáreas y el otro de apenas 780 hectáreas. Pero también llamaban “tierras de pan coger” a los temporales que requerían el agua de lluvias y las de “pan llevar” que si tenían acequias y ojos de agua. Hoy en día las catalogamos en colonias, montes, terrenos en breña, de uso industrial, comercial y habitacional o de uso mixto. De veras que las cosas y las tierras cambian de dueño como de significado.

1 comentario:

  1. Excelente su cronica Antonio Guerrero. Me ubica en lugar y tiempo de los aconteseres de nuestros antepasados. Muchas gracias por publicarla.

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Estudié filosofía en la UNIVA de Guadalajara y soy el cronista de Santa Catarina, Nuevo León

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Soy un trota sueños y buscador de símbolos y signos. Nací en Santa Catarina, N.L. en 1965. Fui becario del Centro de Escritores de Nuevo León en 1993. Escribo, busco, leo, hablo cada miércoles en un programa de radio. En De Solares y Resolanas, quiero expresar, manifestar, escribir mis reflexiones, vivencias y apreciaciones sobre lo que veo, de donde vivo, me muevo y existo.