domingo, 8 de abril de 2018

¡Puro Linares!


Antonio Guerrero Aguilar/

Hablar de Linares, es tratar a una municipalidad repleta de rasgos distintivos que definen a ésta ilustre tierra, situada en un valle delimitado al oeste por la Sierra Madre Oriental, al este por las llanuras que comprenden la región conocida como el Plano Inclinado del Golfo, al sur el río Pablillos y al norte por el río Camacho.  Linares está en el corazón del noreste mexicano, al pie de las montañas que lo comunican al altiplano; entre Monterrey y Ciudad Victoria, Tamaulipas.

Desde el siglo XVII su territorio fue cruzado por los llamados “señores de ganado” que vinieron con sus miles de cabezas de ganado menor a pastar y a engordar. Como una forma de crear seguridad a sus asuntos ganaderos, dejaron estancias y poblaciones que bien podían enlazar la ruta de Matehuala con la Villa de San Juan Bautista de Cadereyta, San Mateo del Pilón y Monterrey.


Entre las montañas de la Sierra Madre se forman valles regados por ríos de buen caudal, en donde alguna vez vivieron los grupos originarios que no vieron con buenos ojos, los procesos de pacificación y colonización de los recién llegados. Por ejemplo, el 10 de junio de 1655 un caudillo de la tribu de los “Hualahuises” atacó la labor de Nicolás Vázquez allá por el rumbo de Labradores en el actual Galeana. Fueron perseguidos y atrapados por Antonio Orpinel, un vecino de Matehuala  que los llevó a Monterrey, en donde fueron bautizados por el entonces gobernador don Martín de Zavala quien lo perdonó en un acto público.  Al cacique le pusieron Martín por su padrino y en consecuencia le conocieron como Martín Hualahuis.  Junto con los suyos, lo congregaron en una misión a la que llamaron de San Cristóbal de los Hualahuises en 1689, atendida por los padres franciscanos.

En 1686 llegó procedente de Santa María Nativitas, Tlaxcala,  el militar Sebastián de Villegas y Cumplido para poblar una hacienda situada en los alrededores. Contrajo matrimonio con Ana María Cantú, viuda de Tomás de León. Cuando solicitó una “encomienda” de indios que pertenecieron a Marcos Flores y Ana de Ovalle, argumentó que su esposa era descendiente de los fundadores del Reino. Para  octubre de 1700 estaba casado con Anastasia Cantú, vecina del Pilón y pidió otra “encomienda” de indios pertenecientes al grupo de los “ampapa caeme amiguas”, que de acuerdo a don Pablo Salce Arredondo designa a los indios “que se untan de almagre y comen pescado”.

El sargento Sebastián de Villegas y Cumplido hizo campañas de pacificación por el sur del Nuevo Reino, apoyado por diez hombres que mantuvieron en estado de paz a la región. En 1711 donó ocho caballerías de tierra pertenecientes a la hacienda de Nuestra Señora de la Soledad, que habían comprado a doña María Díaz Varela. Mediante cédula real erigieron la nueva villa a la que pusieron de San Felipe de Linares el 10 de abril de 1712, en honor a San Felipe Apóstol y al entonces virrey de la Nueva España, don Fernando Alencastre Noroña y Silva, duque de Linares.

Como la fundación de la Villa de San Felipe de Linares, se hizo en terrenos de Hualahuises, sus habitantes protestaron y pidieron que la nueva población se alejara a distancia legal. Gracias a una licencia del virrey fundaron un pueblo dentro de la jurisdicción territorial y política de Hualahuises, pero de acuerdo a las Leyes de Indias no podían fundarlo a menos de cinco leguas de otro. Las cinco leguas equivalen más o menos a 25 kilómetros y Linares está a menos de dos leguas de Hualahuises. De ahí viene el viejo problema territorial. Esta misión se quedó tan solo con una jurisdicción de 25 kilómetros por cada lado y ahora solo tiene 126 kilómetros cuadrados. Es el único municipio enclavado dentro de otro en todo México, de ahí que lo consideren  “el Vaticano de Nuevo León”.

En aquel tiempo surgieron dificultades que llamaron la atención del gobernador del Reino como de la autoridad virreinal. Para solucionar este conflicto eligieron como juez de comisión al Lic. Francisco de Barbadillo y Victoria, del Consejo de su Majestad y Alcalde de Corte de la Real Audiencia de la Ciudad de México. Llegó a Monterrey en diciembre de 1714 para también poner en paz a los levantamientos de los grupos de naturales, que por el maltrato habían dejado las misiones por el abuso de los encomenderos y de los “señores de ganado”.


Pidió a los vecinos de San Felipe de Linares, que fijaran la villa en un lugar más distante. Pero los de San Felipe no aceptaron establecerse en el punto ya propuesto, se dirigieron otra vez con el virrey don Fernando Alencastre Noroña y Silva. Recabaron informes tendientes para justificar los hechos apuntados en la petición, resultando favorables los oficios rendidos por los comisionados. El 15 de noviembre de 1715 se les permitió quedarse en el lugar donde habían erigido la villa. Las autoridades creyeron conveniente que con la misión de los Hualahuises tan cercana, la nueva población se protegía mejor de las incursiones de los llamados indios bárbaros. El fundador de Linares, el sargento don Sebastián de Villegas y Cumplido murió en la Villa de San Felipe de Linares el 3 de agosto de 1728.

La historia de Linares es muy rica y estas líneas, apenas nos muestran un poco aquellos acontecimientos que la formación, hace poco más de 300 años.

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Estudié filosofía en la UNIVA de Guadalajara y soy el cronista de Santa Catarina, Nuevo León

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Soy un trota sueños y buscador de símbolos y signos. Nací en Santa Catarina, N.L. en 1965. Fui becario del Centro de Escritores de Nuevo León en 1993. Escribo, busco, leo, hablo cada miércoles en un programa de radio. En De Solares y Resolanas, quiero expresar, manifestar, escribir mis reflexiones, vivencias y apreciaciones sobre lo que veo, de donde vivo, me muevo y existo.