domingo, 20 de mayo de 2018

Mamulique, Nuevo León: hilos de su historia

Antonio Guerrero Aguilar/


Hablar de Mamulique nos refiere a un poblado del municipio de Salinas Victoria, como de un paso obligado que va de Monterrey a Laredo por la Carretera Nacional. A decir verdad, la llamada Cuesta de Mamulique atraviesa una serie de estribaciones al extremo poniente que se extienden desde la Sierra de Picachos o del Camaján perteneciente a los municipios de Cerralvo, Agualeguas, Higueras, Salinas Victoria, Ciénega de Flores y Sabinas Hidalgo. Respecto al nombre original, el cronista de Salinas Victoria don Ambrosio Guajardo y Morales (q.e.p.d.) decía que es Mamuliqui. Don Israel Cavazos Garza (q.e.p.d.) que se trata de un cacique indígena que controlaba la región. Pero todos le decimos Mamulique. También nos recuerda a un mecanismo de defensa usado por don Rómulo Lozano en su añorado programa de concursos, cuando no faltaba un aspirante envalentonado que le salía respondón y no se dejaba que lo pescaran en carrilla. Entonces don Rómulo para controlar la situación le decía: “tenías que ser de Mamulique”. 

El poblado está a no más de 25 kilómetros al norte de la cabecera municipal de Salinas Victoria, siguiendo la carretera a Colombia. Es un paraje, una ex hacienda repleta de historia que se hizo famosa por ser un sitio ideal para la agricultura, la ganadería como de la extracción de madera, además de ser lugar de paso y descanso del Valle de las Salinas rumbo al Mineral de San Pedro Boca de Leones. Hay manantiales y arroyos que aún llevan agua, un paisaje repleto de barretas, mezquites, palmas, uña de gato, ébanos, huizaches y pastizales.

El Valle de las Salinas se comenzó a poblar desde principios del siglo XVII. Para fines del mismo siglo ya se hallaban los pueblos de San Miguel de Aguayo, Boca de Leones y Lampazos. En 1692 aparece la referencia del río del Álamo o de Mamulique, para poner un herido de molino en el río de Mamulique, donde remata la loma de dicho nombre para fundar una hacienda de beneficio de metales. Por cierto, don Diego de Villarreal, uno de los primeros pobladores de Villaldama llegó precisamente del Valle de las Salinas. El establecimiento de pueblos mineros y las misiones, trajo consigo el comercio como las haciendas que les facilitaran los recursos para mantenerse. Uno de los principales mineros que se asentaron en Boca de Leones, es don Antonio López de Villegas, quien llegó al Nuevo Reino de León en 1696 con 300 personas para establecer haciendas de beneficio con metales argentíferos en Boca de Leones, Santiago de las Sabinas y Mamuliqui; además de participar en campañas contra los Queroamas y Alazapas en la Sierra de Picachos. Don Ambrocio nos señala que para 1698 la hacienda fue medida con el nombre de San Antonio de Mamuliqui.

La entrada del ganado menor, hizo posible que por todo el rumbo aparecieran haciendas dedicadas al pastoreo. Por ejemplo, en 1689 la Compañía de Jesús de Querétaro mantenía 50 sitios de ganado menor, ubicados en la otra banda del río de la Pesquería Grande desde la Ciénega para abajo, a orillas del río y la loma de Mamulique. En 1693 Mateo Rodríguez de Montemayor alegó la posesión de un sitio de ganado menor. Sabemos de otro poblador llamado José de la Garza y en 1704 Nicolás de Escamilla se dedicaba a la búsqueda de metales.  En 1726 vivían dos naciones de indios, una llamada Posuama integrada por 37 individuos y la nación de Ventura con apenas 14 personas.

Don José Antonio Fernández de Jauregui, un gobernador del Nuevo Reino de León de 1732 a 1741 y promotor de la población del Nuevo Santander, quedó como el dueño de la hacienda, que en 1742 administraba el general José Lorenzo de Hoyos, porque el propietario se hallaba en Querétaro. Un informe de principios del siglo XVIII señala que la labor era rica en la siembra de maíz y de trigo y que la nación de indios Posuamas aún radicaba por el rumbo. Nicolás de Lafora recorrió esos parajes en 1767. Procedentes de Candela, pasaron por Palo Blanco, luego describen un camino pésimo para las carretas repleto de zanjas, piedras, lo intrincado del bosque, muchos arroyos y vados complicados. Junto con su comitiva, llegó a Mamulique, en donde habitaban unas 500 personas dedicadas a la cría del ganado mular, caballos y ganados de todas las especies. Sembraban maíz y caña de azúcar con la que producían piloncillo. El 20 de marzo de 1784, don José Antonio Fernández de Jauregui hizo un contrato de compraventa de la hacienda llamada de Nuestra Señora de la Asunción y San Antonio de Mamuliqui, con Julián Antonio de Tato y Vicente Antonio López Fonseca. Con el correr del tiempo, la hacienda quedó en poder de una familia de la Canal residente en la ciudad de Querétaro.

El 22 de enero de 1828 la Comisión de Límites al mando de Manuel Mier y Terán llegó a Mamulique. Luis Berlandier y Rafael Shovell describen los alrededores repletos de nopales y mimosas. En los nopales había cochinilla silvestre, usada para teñir los tejidos de algodón con los que hacen los hechizos. Era propiedad de D.F. Canal, vecino de Querétaro y el administrador los recibió con hospitalidad. Resaltan el cultivo del algodón y la abundancia del ganado menor. Había una pequeña presa para el riego. En una sombra del bosque situado junto a las casas, estaba una ranchería de indios Carrizos, formada por pocos hombres, muchas mujeres y niños al cuidado de un cacique llamado Capitán Grande que se había ido de pesca con otros indios. Vivían en diez o doce cabañas construidas con hojas de palmas, comunicadas entre sí por veredas estrechas. Les dieron permiso de entrar y vieron fusiles, arcos y flechas que les permitieron tirar con ellas. Hablaban castellano y las mujeres casi no conocían su lengua materna. Los Carrizos estaban bautizados, algunos llevaban un rosario. Quedaban unas 40 o 50 familias que vivían de la pesca, caza y de limosnas. De estatura regular, morenos, sin barba pero algunos tenían bigote, las mujeres andaban muy desarregladas. Los hombres robustos, pero de brazos delgados y algunos afeminados por la miseria. Vestían una frazada en invierno y casi desnudos en el calor. Los Carrizos se pusieron a las órdenes del padre Hidalgo a su paso por la región en 1811. Pedían tierras para trabajar, pero eran dados a la pereza. No tenían caballos pero si muchos perros y temían a los comanches.

Cuando salieron rumbo a Villaldama, apreciaron un valle cubierto de bosque y rodeado de montañas, en donde abundaban los coyotes en los alrededores. Más al norte, un terreno pedregoso con muchos mezquites.  Dice José María Sánchez que los miembros de la expedición iban temerosos por los ataques y asaltos de los llamados indios bárbaros. Cuando llegaron a Mamulique, precisamente los recibieron cuatro o cinco indios desnudos.

El 10 de julio de 1842, el general Mariano Arista compró la hacienda a doña Catalina de la Canal. En esa época era famosa por la riqueza que generaba, pero también por los continuos albazos que sufrían de parte de los llamados “Indios bárbaros” que bajaban por el Cañón de Gomas para atacar a los pueblos del Valle de las Salinas como del Carrizal de los Ayguales.  El 5 de agosto de 1847 el general Zacarías Taylor, comandante del Ejército de los Estados Unidos que controlaba Nuevo León, llegó a Salinas Victoria en donde fue recibido por las autoridades municipales, luego se dirigió hasta a Mamulique, en donde resaltó que se hallaba el aserradero más importante en la entidad. 

Dicen que Mariano Arista, ahí vivió  un tórrido romance con Carmen de Arredondo, hija del general Joaquín de Arredondo y ex esposa del doctor Gonzalitos. Arista se deshizo de sus propiedades cuando se fue a la Ciudad de México en 1848, para servir como ministro de Guerra y finalmente presidente de la República de 1851 a 1853.

En 1863 se presentaron conflictos territoriales con los vecinos de Ciénega de Flores e Higueras. A cada rato se quejaban de que los ganados de Mamulique se pasaban a esas tierras. Incluso hasta los balazos llegaron. Cuando Vidaurri y Quiroga se proclamaron leales al Imperio, hicieron de la región su centro de operaciones. Quiroga derrotó a una fuerza de Adolfo Garza por Los Morales, para luego establecerse en Mamulique de donde mandaba partidas de ocho o diez hombres para diversos puntos y molestar a los republicanos que andaban por Salinas Victoria y el camino a Monterrey. Quiroga dejó el paraje, pero de vez en cuando regresaba; una ocasión encontró al teniente Susano Cantú en su casa junto a su familia y ahí mandó que lo fusilaran.

Dicen que Cipriano Villarreal le compró la hacienda al general Arista y en 1863, los abogados Guadalupe Cavazos y Juan Villarreal, a nombre propio y en representación de sus compartes representaban a los poseedores legales de Mamulique. Luego don Juan José Villarreal, vecino de El Carmen la adquirió y pasó formar parte de su hijo el filántropo e inversionista don Melitón Villarreal quien falleció a principios de marzo de 1904. Alguien me contó que la familia Cantú Treviño también tuvo posesión de la hacienda. Luego figuran como dueños Narciso Montalvo, Fernando Flores, Glafiro Elizondo, doña Concepción Flores Galván y su esposo Celestino Elizondo, además de ejidatarios y nuevos residentes del lugar. Desde hace buen tiempo los terrenos se han destinado para el establecimiento de ranchos y fincas de descanso.

Al extremo oriente, la Cuesta de Mamulique divide a los dos valles, el de las Salinas con el del Carrizal de los Ayguales. En un tramo de la Carretera Nacional, poco antes de iniciar la Cuesta de Mamulique, nació una fonda que luego se convirtió en un restaurante en donde la Tía Lencha preparaba el riquísimo machacado con huevo. La gente del lugar, afirma que la presa se llama “La Española” y fue construida en el siglo XVIII por los jesuitas. Aún se puede ver el muro grueso de piedra de mampostería que hace muy especial el sitio. La ex hacienda de Mamulique, su cuesta y lomeríos circundantes tienen mucha historia. Espero que estas líneas nos permitan tener una visión más cercana de la importancia que tiene en la vida de Nuevo León como de Salinas Victoria.

1 comentario:

  1. Gracias Antonio excelente su relato historico! Muchas gracias por compartirlo!

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Estudié filosofía en la UNIVA de Guadalajara y soy el cronista de Santa Catarina, Nuevo León

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Soy un trota sueños y buscador de símbolos y signos. Nací en Santa Catarina, N.L. en 1965. Fui becario del Centro de Escritores de Nuevo León en 1993. Escribo, busco, leo, hablo cada miércoles en un programa de radio. En De Solares y Resolanas, quiero expresar, manifestar, escribir mis reflexiones, vivencias y apreciaciones sobre lo que veo, de donde vivo, me muevo y existo.