domingo, 24 de junio de 2018

El asalto de los texanos a Piedras Negras


Antonio Guerrero Aguilar/

A principios de octubre de 1855 una docena de voluntarios texanos residentes en Eagle Pass, cruzó por el río Bravo con la intención de perseguir y castigar a los indios lipanes; a quienes acusaban de cometer fechorías en poblaciones del sur de Texas. Unos días antes, los lipanes llegaron a Piedras Negras en donde fueron recibidos por el coronel Emilio Langber, quien les hizo saber que contaban con el apoyo de las autoridades mexicanas. Inmediatamente dispuso que un grupo de defensores cerraran el avance de los texanos, que seguramente pasarían la línea divisoria. Además pidió que se quedaran algunos de los guerreros, y así proteger la retirada al resto de la nación lipán que marchó rumbo a Morelos, Coahuila.

Mientras tanto el alcalde de Piedras Negras comunicó a los pueblos circunvecinos de la inminente presencia de filibusteros en el Distrito de Río Grande. Pronto llegaron unos vecinos de Allende, Morelos y de San Fernando de Rosas, quienes se sumaron a unos 200 hombres que darían batalla a otro tanto de texanos que se habían reunido para apoyar a los doce combatientes originales. Los extranjeros llegaron por la noche a San Fernando de Rosas, en donde fueron atacados por los mexicanos. El enemigo se defendió de la emboscada, pero al verse derrotados huyeron por el rumbo del río Escondido para llegar a Piedras Negras. Según la parte oficial, murieron 35 texanos, los mexicanos reportaron cuatro muertos, de los cuales tres eran de Allende y uno de San Fernando, más tres heridos.

Una fuerza local al mando del teniente Manuel Menchaca los siguió con cautela, aún y cuando no contaban con municiones suficientes. Se situaron en un lugar conocido como La Maroma para detener el avance de los invasores; quienes llegaron como a las 2:30 de la tarde del 3 de octubre. Fue cuando los mexicanos y norteamericanos se batieron en un enfrentamiento, que terminó poco antes de obscurecer. Otra vez fueron vencidos por los valientes fronterizos. En la huida, los texanos dejaron algunos objetos y caballos que fueron recogidos por los mexicanos que los tomaron como recompensa. Los norteamericanos llegaron a Piedras Negras al día siguiente y acamparon cerca del Paso del Águila, contando con el apoyo militar que habían conseguido del fuerte Duncan en Eagle Pass.


La gente de Coahuila llegó hasta ese punto y estuvieron listos para atacarlos pero no lo hicieron, permaneciendo en zozobra durante 24 horas. Entre el grupo de defensores había prominentes y prósperos comerciantes de la región, como Miguel Patiño y Pablo Espinoza de Morelos y Evaristo Madero procedente de Guerrero. Los texanos por fin abandonaron su escondite para llegar hasta el río Bravo. Para que no los siguieran, asaltaron y luego provocaron un incendio en los principales comercios y residencias de Piedras Negras. Según testimonios de la época, dejaron en ruinas al poblado y se llevaron armas y una pieza inútil de artillería. A los pocos días, sin ningún recato, el comandante del Fuerte Duncan reclamó las cuatro piezas que se habían quedado en Piedras Negras, mientras las autoridades civiles y militares de las villas circunvecinas, hicieron un recuento de los daños causados por los texanos para exigirles una indemnización.

La respuesta del gobierno mexicano no se hizo esperar, presentó las reclamaciones correspondientes a los Estados Unidos, quejándose de las continuas incursiones texanas. Por ejemplo, cuando en agosto de 1855 un comisionado de San Antonio, Texas, exigió la entrega de un grupo de esclavos negros que habían huido de las plantaciones de algodón sureñas. En tono amenazante los advirtió que entrarían a Piedras Negras para regresarlos a Texas. En consecuencia, la población y las autoridades de los alrededores, temían por otra invasión norteamericana. El gobierno de México reprochaba que los Estados Unidos, a la que consideraba como una nación civilizada, no respetara los acuerdos del Tratado de Guadalupe-Hidalgo y que con cualquier pretexto ingresaran a un territorio que no les pertenecía. Lamentablemente culpó a los indígenas lipanes del problema binacional.


Para reforzar la frontera llegaron algunos vecinos de Mier, Tamaulipas, quienes además enviaron pólvora y armamento para ser utilizados en contra de posibles asaltos. Por su parte, Santiago Vidaurri como gobernador de Nuevo León se lamentaba por la falta de comunicación con Coahuila respecto a la solución de problemas comunes. Argumentaba que la defensa de los lipanes era contraria a las políticas de seguridad de los tres estados del noreste. Les dijo que mientras Nuevo León los perseguía, los de Coahuila los protegían. Por eso solicitaron ayuda al entonces presidente Juan Álvarez para que mandara gente capacitada, con suficiente armamento y dinero para solucionar el asunto, siempre y cuando no hubiera injerencia total y absoluta del centro del país. Las quejas llegaron hasta William Learned Marcy, el Secretario de Estado de los Estados Unidos, por los continuos ataques, incendios y persecuciones que hacían los norteamericanos a los pueblos cercanos al río Bravo.

La heroica defensa de Piedras Negras y Zaragoza dejó consecuencias y repercusiones. Al poco tiempo, Santiago Vidaurri se quedó con el control militar de la región y aprovechó la prosperidad comercial de la nueva población que dependía de la aduana, convirtiéndose en el hombre más influyente del noreste mexicano. En este periodo se conformaron los primeros capitales que sirvieron para establecer industrias y casas comerciales en Monterrey. Coahuila quedó unida a Nuevo León en 1857 y hasta se pensó en un proceso separatista conocido como la República de la Sierra Madre, la cual estaría conformada por Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. Incluso pensaron que Vidaurri podía llegar a la presidencia de la República.


Ahí por Piedras Negras entraron recursos y materias primas como el algodón, a cambio de armas y alimentos que beneficiaron al sur durante la guerra civil norteamericana.


Créditos: Las fotografías y litografías pertenecen al sitio EL PIEDRAS NEGRAS QUE SE FUE de facebook

2 comentarios:

  1. Muy interesante su narrativa Sr. GUERRERO. Gracias por compartirla.

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  2. Llegue aquí de pura curiosidad, estaba leyendo sobre la historia de Monterrey y de pronto llegue a cosas relacionadas con Santa Catarina ya que ahí vivo, y encontré su Blog, realmente es muy interesante, decidi comentar en la publicación mas reciente!, Felicidades!

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Estudié filosofía en la UNIVA de Guadalajara y soy el cronista de Santa Catarina, Nuevo León

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Soy un trota sueños y buscador de símbolos y signos. Nací en Santa Catarina, N.L. en 1965. Fui becario del Centro de Escritores de Nuevo León en 1993. Escribo, busco, leo, hablo cada miércoles en un programa de radio. En De Solares y Resolanas, quiero expresar, manifestar, escribir mis reflexiones, vivencias y apreciaciones sobre lo que veo, de donde vivo, me muevo y existo.